Violencia obstétrica: ¿tú también la has sufrido?

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Foto: Pixabay

No podía ser de otra forma. El segundo cumpleaños de mi peque traía de la mano los recuerdos de su nacimiento y, con ellos, del parto. El parto que nos robaron, porque no puedo sentirlo de otra forma. Por eso, hoy siento la necesidad de hablar de un tema sobre el que llevo mucho tiempo queriendo dar mi opinión: la violencia obstétrica. Sé que es un término que suena muy duro e impactante pero, lamentablemente, está a la orden del día. Y no, no es necesario que te den dos tortas durante el parto. Al menos dos tortas al uso. Que, a veces, casi sería mejor.

En el momento en que una mujer se pone de parto y recibe un trato deshumanizado y despectivo, y protocolos de rutina que no son necesarios y pueden entorpecer el propio proceso de parto, hablamos de violencia obstétrica.

En el momento en que, como mujer, no puedes decidir qué prácticas se te realizan, te ves obligada a parir tumbada y con las piernas en alto cuando puedes y quieres parir en una posición más fisiológica, te medican por protocolo, te rompen la bolsa “para que la cosa vaya mejor” y aceleran tu parto con oxitocina sintética sin indicación, hablamos de violencia obstétrica.

En el momento en que te hacen una episiotomía de rutina o acabas en una cesárea sin necesidad cuando el parto natural era posible, hablamos de violencia obstétrica.

En el momento en que te separan de tu recién nacido sin causa médica justificada, impidiendo que hagas piel con piel y amamantamiento precoz, hablamos de violencia obstétrica.

Tal vez frunzas el ceño al leer los párrafos anteriores y pienses, bueno, son médicos, saben más que nosotras. O puede que me digas que en tu caso, o en un caso que conoces, había que hacer una cesárea, o una episiotomía, o lo que corresponda. Incluso te puede parecer que tampoco es para tanto, ya se sabe que parir es difícil. Bien, vamos una por una:

1. “Son médicos, y ellos saben más”

Hmmm… Sí, y no.

Sí porque, evidentemente, si algo sucede, si algo se tuerce, un médico es quien lo tiene que enderezar. Hay determinados indicadores que determinan que algo está yendo mal y, en estos casos, el médico manda. Absolutamente. Y podemos dar gracias al cielo por vivir en el siglo XXI y tener tantos avances médicos a nuestra disposición si un parto se complica. Si el bebé se está ahogando con una triple vuelta de cordón, si entra en bradicardia, si queda encajado en una posición imposible, si el útero no se contrae tras el expulsivo… Hay muchos supuestos en los que la intervención médica es útil, beneficiosa, necesaria e incluso vital. Y en todos ellos, como hemos dicho antes, el médico manda. De un parto con complicaciones, el médico sabe más.

Pero si todo va bien, si un parto de bajo riesgo se inicia de manera natural y no hay ninguna causa médica para intervenir, no se debe intervenir. De un parto natural, la que sabe más es la mujer que está pariendo. Pero, para eso, hay que dejar que esa mujer se escuche, que siga las indicaciones que su propio organismo le da, que se mueva, que se agache, que respire, que empuje, que espere. Hay que dejar que el parto avance y, sobre todo, procurar no molestar a esa mujer.

Porque la naturaleza, que lo tiene todo tan bien pensado, va a detener el proceso de parto si esa mujer se siente amenazada. Cuando yo llegué al hospital, ése que supuestamente era el segundo mejor hospital de Madrid en cuanto a parto respetado y que resultó ser la peor elección de mi vida, lo primero que hicieron fue ponerme en monitores y decirme: “Bueno, parece que hay alguna contracción… Te vamos a dar una oportunidad”.

¿¿Una oportunidad?? Millones de catecolaminas corriendo por mi organismo a raíz de esa frase y de lo que sugería. Que tenía UNA oportunidad, que tenía un tiempo determinado por ellos para demostrarles que yo podía parir. Y, si no, ¿qué? ¿Qué pasa si desaprovecho mi oportunidad?

¿Qué crees que pasó a continuación con mis contracciones? Ninguna hembra puede parir bajo amenaza. Te garantizo que el parto de una yegua se detiene si huele depredadores cerca. Sencillamente, es más fácil huir y esconderse con la cría aún a resguardo en su cuerpo. La naturaleza es sabia y no se arriesga, hasta que esa hembra no encuentre un lugar seguro y tranquilo no parirá. Te garantizo también que una mujer no puede parir si le dicen que no va a ser capaz de hacerlo, la asustan, la amenazan con prácticas a las que teme profundamente.

Lo de la yegua, si se alarga, puede acabar en muerte. Lo de la mujer, en cesárea. Pero a las dos la amenaza les ha jodido el parto.

Te diré lo que pasó: mis contracciones se pararon. Cuando, al extrañarme por esa frase y comenzar una conversación, me dejaron claro que me iban a aplicar su protocolo y ponerme prostaglandinas para acelerar el parto desde ese mismo momento, al margen de lo que yo deseara. Cuando, al pedirles el alta voluntaria me la negaron y, después, me amenazaron con que, si salía, no tendrían obligación legal de atenderme si venía de urgencia en veinticuatro horas. Que no podría entrar en el hospital de nuevo, porque no me lo permitirían.

2. “Era necesario”

Sí, hay casos en los que sí. Y otros, lamentablemente muchos, muchos más casos, en los que no. En los que te pinchan oxitocina por rutina. En los que meten tijera por rutina. En los que acabas en quirófano por rutina. Porque te han dado doce horas y no van a darte ninguna más, aunque tu parto vaya avanzando. Porque necesitan la sala de dilatación. Porque viene escrito en una hoja lo que se ha de hacer con todas las mujeres que lleguen de parto. Porque es lo más cómodo, porque es lo más rápido. Porque la mujer que está pariendo no cuenta.

No, no era necesario que me pincharan oxitocina sintética a mansalva. No era necesario que me pusieran un medidor interno de contracciones, entre mi útero y la cabeza de Bichito, cuando yo gemía y apretaba los dientes por la intensidad de aquellos espasmos artificiales y sólo me repetían, despectivamente: “pues en el monitor sale que no tienes contracciones”. No era necesario que me terminasen de romper la bolsa con una lanceta.

Pero no me permitieron negarme.

Dos veces me vestí y pedí el alta voluntaria, una de ellas con diez horas de bolsa rota. Imagínate cómo debía estar para querer huir como alma que lleva el diablo de ese hospital.

Estuve veinticuatro horas sin dilatar, sin borrar cuello del útero, cada vez más bloqueada según iban sucediéndose las cosas. Pasé por cinco matronas. A la cuarta, le pedí que se marchara nada más entrar en la habitación. Se lo dije con franqueza, “me das miedo”. ¿Cómo no iba a dármelo? Entró como una apisonadora diciéndome que si pretendía un parto de película me fuera al cine. Que si tenía que ser cesárea, pam (palmada fuerte, de las que sobresaltan), pues cesárea. Que si eran forceps, pam, pues fórceps. Le lloré a mi marido “sálvame, sálvame, no dejes que me toque por favor”. Cuando pedimos que nos cambiaran de matrona, abandonó la habitación gritando y armando un espectáculo por los paritorios.

¿Era todo eso necesario? ¿Era necesario que cada vez me tratasen peor, que cada vez me amenazasen más, que cada vez interviniesen más mi parto? Qué tuviera que preguntarles “¿Dónde queda la humanidad en todo esto?”. Que tiritase de continuo. Que llegase un momento en que dejé de hablar, aferrada al pensamiento de que todo aquello pasaría, pasaría… No, no lo era. En absoluto.

¿Sabes cuándo dilaté? Cuando me rendí, cuando sentí que me daba igual lo que hicieran conmigo, que ya no podía más. Cuando pensé que me bajaban a cesárea, a una cesárea que ellos mismos habían provocado bloqueando el avance natural de mi trabajo de parto. Cuando lo di todo por perdido. En cuarenta y cinco minutos, estaba completa. En seis contracciones, había parido. A tres empujones por contracción.

Porque me juré por todo lo jurable que ya estaba bien, que ahí por fin iba a hacer algo bien en ese parto de mierda que me habían robado entre todos. Porque, en el último momento, por fin me empoderé.

Porque podía hacerlo. Si me hubieran dejado.

3. “Tampoco es para tanto”

¿No lo es? Yo creo que sí.

Para empezar, me parece aberrante que tengamos que enfrentar nuestro parto con miedo. Con miedo al hospital, no al parto. Que aleccionemos a nuestra pareja para que nos defienda y nos proteja si nos quieren hacer algo que no sea necesario cuando más vulnerables y agotadas estamos, cuando no nos podemos defender nosotras solas. Que pensemos que no somos capaces de parir. Que creamos que pueden tratarnos así, que no tenemos derecho a un parto digno y respetado. Que salgamos del parto, un momento tan único en nuestra vida, con heridas físicas y emocionales que tardaremos mucho tiempo en superar y que se podían haber evitado.

Pero los datos también son para llevarse las manos a la cabeza. Tasas de cesárea de más del doble de lo recomendado por la OMS, lo que significa que la mitad de las mujeres a las que se le realiza una cesárea, se van a casa con una cirugía mayor que no era necesaria. Un índice de episiotomías abrumador: el 80% de las mujeres reciben el tijeretazo SIN justificación médica. De rutina.

Sí, si me parece para tanto. Y, si queremos erradicar la violencia obstétrica, es importante que a todas nos parezca para tanto.

Y que tengamos muy claro que, si no hay una causa justificada, el parto es nuestro.

¿Y tú? ¿Has sufrido violencia obstétrica? ¿Cómo fue tu parto? ¿Qué opinas sobre este tema? Únete a nuestra comunidad y deja tu comentario.

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9 comments

    • Carita says:

      Hola Elvira! Di a luz en el hospital Puerta de Hierro de Majadahonda. Muy respetuoso en la charla de información. La realidad fue otra muy distinta. De hecho, cuando fui a entregar el plan de parto, el jefe de ginecología ya me miró mal y me dijo que si era una de ésas que quería hacer lo que le diera la gana y pedía tonterías… Lamentable. Ahí me dio el primer ataque de pánico pensando en si debía ir mejor a otro sitio (Torrejón, que me pillaba muy lejos) pero pensé que era yo, que estaba muy sensible, y que aquel ginesaurio no tenía por qué ser el representante de lo que realmente se hiciera en el hospital.

  1. Lucia says:

    Te entiendo perfectamente. Yo fui víctima de la violencia obstétrica y a mansalva que acabo en un trauma que 2 años después me estoy recuperando psicologicamente. Me mataron en vida y esta acabando con mi matrimonio. Me hicieron de todo. Cada día más esto va a peor y fue al final cesarea separación de bebé. En fin…

    • Carita says:

      Qué tristeza leer testimonios como el tuyo, Lucía. Siento muchísimo que vivieras una experiencia tan traumática y que haya tenido consecuencias tan negativas… Espero que logres superarlo completamente muy pronto y que todo lo demás se solucione. Un abrazo grande.

    • Raquel says:

      Lamento la experiencia que viviste.
      He aprendido que el parto es una lotería, la lotería de las personas que te atiendan aun eligiendo un hospital por su protocolo y estadísticas. Por eso creo q debes mencionar el nombre de la institución porque aunq hace 2 años tuvieran un protocolo de parto respetado las matronas y demás “profesionales” q te “atendieron” anteponían su propio protocolo. Habrá mujeres como yo que intentan decidir el hospital que acoja su parto en base a experiencias conocidas y se merecen saber dónde se arriesgan.
      Un saludo afectuoso

  2. JULISSA QUIÑONES says:

    Hola,

    Cuando nació mi negrito (así le digo de cariño, no hace falta resaltar que no es de tez morena, todo lo contrario) la verdad no sentí esa magia, esa conexión que se que hubiese sentido si lo hubiera tenido normal, me hicieron cesárea, lleva 39.6 semanas de gestación y no dilataba, no sentía dolor alguno, pero la verdad me sentí muy degradada como mujer, cuando fue al primer hospital teniendo 39.4 semanas de gestación, me sacaron mal la cuenta y a pesar que les dije las semanas y días exactos que tenia no me hicieron caso, yo tenia un vientre enorme y me pusieron a dormir en unas sillas!!! en una sillas!! pedí la salida y llore patalee, hasta los amenace legalmente y fue que me dejaron salir, al día siguiente fui a otro hospital donde al ver las semanas que tenia me dieron cesárea por urgencia. ingrese a las 1:00 pm y a las 4:45 pm nació mi hermoso negrito, con 3.990 Gramos tallo 57 sin duda un bebe enorme! un bebe que me robo el corazón desde el instante!

    • Carita says:

      Gracias por tu comentario! He sentido mucha pena al leer tu experiencia. Es terrible que nos lleguemos a sentir degradadas y tener que amenazar para poder salir de un hospital. Me alegro mucho de que todo fuese bien, dentro de lo malo, y tengas ese precioso bebé contigo. Un abrazo!

  3. Sandra says:

    Me siento indignada tras leer tu experiencia, y a la vez avergonzada por formar parte de un colectivo de profesionales que parece que, cada vez, pierden más la empatía. Siento que te pasara algo así y deseo que esto cambie para que las futuras mamás podamos tener un parto respetado, un parto nuestro.

    Hace muy poco escribí un post en mi blog hablando sobre el tema que comentas:
    http://dudasdemama.com/el-parto-nuestro/

    Gracias por compartir tu experiencia y ¡muchos ánimos y felicidad!

    • Carita says:

      Gracias por tu comentario! Y, especialmente, por tus palabras de apoyo. Empatía y humanidad, hace falta. Echaré un vistazo a tu post! Un abrazo!

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