Por qué los cinturones de dos puntos del bus NO son seguros

Fuente: Pixabay

Partamos de la base de que, como vimos en el primer post de esta serie sobre transporte escolar, los vacíos y ambigüedades de la normativa actual permiten que circulen legalmente autobuses sin cinturón. Esto es un gran problema de seguridad pero muchos padres y colegios están convencidos de que el problema es no llevar cinturón (o no llevarlo abrochado porque nadie lo vigile ni lo cumpla) y que con el cinturón de dos puntos que lleva el 95% de los autobuses escolares los niños ya van seguros. Quizá “un poquito menos seguros” que en el coche, pero seguros. Y esto NO es así.

¿Por qué son peligrosos?

En primer lugar, hay que tener muy presente que, en menores de cinco años, un cinturón de dos puntos queda totalmente suelto y, en caso de impacto, no llega ni siquiera a tensarse para hacer su escasa función protectora. En otras palabras:

En menores de cinco años es como si no llevaran nada.

En segundo lugar, aunque quede bien ajustado a nivel de la cadera (y no a mitad de muslo o casi a la altura de las rodillas en muchos pequeñines que van de excursión en sus primeros años), un cinturón de dos puntos NUNCA evita el impacto de la cabeza del menor contra el asiento anterior, ya que no sujeta el torso de ninguna forma. Y, como vimos el otro día, a la altura de un menor, en los asientos suele haber salientes rígidos como mesillas, posa vasos, ganchos o ceniceros (en flotas antiguas).

Sólo hay que ver un crash test para comprobar lo que sucede en un impacto a 50 km/h con cinturón de dos puntos:

Aún peor, el cinturón de dos puntos provoca además un patrón de lesiones conocido como “Seat Belt Syndrome” (“Síndrome del cinturón de dos puntos”), frase acuñada por la comunidad médica ante el conjunto repetido de severas lesiones intraabdominales, fractura de la columna lumbar y trauma facial importante que presentaban aquellos ocupantes de un vehículo que llevaban cinturón de dos puntos en el momento del accidente.

Este patrón de lesiones de produce fundamentalmente por una sujeción inadecuada que permite el llamado Movimiento submarino, en el que el pasajero, en el momento del impacto, se desliza a través del cinturón de seguridad, hacia abajo. Esto origina que el cinturón quede descolocado, dejando expuestas las extremidades inferiores y generando un único punto de sujeción sobre la pelvis, que se convierte en una bisagra.

Secuencia de efecto submarino en cinturones de 2 puntos

Y por si todavía no se ha quedado uno blanco viendo la seguridad que ofrece un cinturón de dos puntos, me queda destacar que viajar sujeto únicamente por una banda ventral puede causar daño abdominal por un mecanismo denominado como “efecto cuchillo”.

Lesiones producidas por cinturón de dos puntos

Creo que no hace falta añadir mucho más para dejar clara la gravedad de la situación actual porque, mayoritariamente, los autobuses escolares llevan este tipo de cinturón.

Si no son seguros ¿por qué los llevan el 95% de los autobuses?

Además de por la logística (al no llevar banda diagonal no hay que tener en cuenta la altura, talla o edad de los niños, a todos se les puede abrochar por igual y eso ahorra muchísimas complicaciones), los autobuses llevan cinturones de dos puntos por cuestiones puramente económicas.

Una butaca de autobús con cinturón de dos puntos anda en torno a los 200 euros. Con cinturón de tres puntos, subimos a unos 350 euros. Con cinturón de tres puntos regulable en altura alcanza ya alrededor de 450 euros. Y si además se convierte en camilla en caso de accidente hablamos del orden de 600 euros. Puesto que la normativa está redactada de forma contradictoria e imprecisa y llena de vacíos que se han intentado ir resolviendo con parches y modificaciones posteriores, las compañías se aferran a la obligatoriedad de llevar, simplemente, cinturones. Y ya se sabe: ante la duda, la más… barata.

¿Y no hay alguna solución para que vayan seguros?

Para ir seguros y aspirar a lesión cero, lo ideal sería seguir los mismos parámetros que en el vehículo particular:

  • SRI a contramarcha los primeros cuatro años al menos.
  • Cinturón de tres puntos con alzadores adecuados a la talla y altura de cada peque, regulable en altura o con myfold, entre cinco y once años.

Sin embargo a día de hoy estas soluciones “ideales” no son viables. Quizá en… ¿2025? ¿2030? Vamos a luchar por que sea lo antes posible pero, desde luego, en 2018 es harto complicado.

En primer lugar porque no es posible instalar ningún SRI a contramarcha en una butaca de autobús que no lleve cinturones (el 42% de los autobuses a día de hoy) y hay muy, muy, muy pocas sillas que permitan su instalación en butacas con cinturón de dos puntos (el 95% de los que sí llevan cinturón) por lo que, a efectos prácticos, es casi imposible el mero hecho de INSTALARLA en la butaca. No hablemos de costes o logística a la hora de cambiar el servicio de un autobús determinado de peques a grandes, sólo de instalarla. Es más, la propia compañía puede apretar para impedir que instalemos un SRI de vehículo particular (una sillita, vamos) amparándose en que, legalmente, sólo están homologados para eso, el vehículo particular.

Respecto al cinturón de tres puntos para niños mayores, ya vemos que sólo una minoría de autobuses llevan instalado este sistema de seguridad y, aunque demos con la aguja en el pajar… ¿cómo hacerlo viable a nivel logístico? ¿cómo tener un muestrario de alzadores para todo tipo de niños y dónde guardarlos? ¿cómo convencer a las compañías para que una butaca les cueste el doble que otra, si ambas “cumplen la normativa”?

Bueno, en eso estamos luchando ahora pero lamentablemente, tal cual están hechas las cosas, aquí y ahora, pinta bastante inviable. Fijáos si pinta mal que el único proyecto que pretendía ir en esta línea, el Pequebús (un autobús adaptado a bebés y niños menores de cinco años con SRI disponibles) ha sido cancelado porque ALSA no lo conseguía introducir. La sensibilidad preventiva en el autobús es totalmente diferente a la del automóvil, eso me ha quedado clarísimo estas últimas semanas.

Yo voy a seguir peleándolo pero por el momento… ¿qué hago? Sólo existe a día de hoy en el mercado un sistema de retención infantil homologado para autobuses, el Kidy Harness Bus. Quizá hayáis oído hablar de él y tengáis dudas ¿es seguro? Al fin y al cabo no deja de ser un arnés de cinco puntos y, a poco que uno haya luchado por la contramarcha, a los arneses a favor de la marcha les cogemos mucho yuyu por el riesgo de carga cervical. Pero cualquier choque lo bastante fuerte como para provocar una lesión cervical con un arnés de cinco puntos en un autobús, supondría probablemente que el peque se hubiera matado yendo con cinturón de dos puntos y, mucho más aún (no digo 100% porque ya se sabe que la suerte es muy perra y a veces hay milagros), sin cinturón.

Odio elegir entre susto y muerte pero al menos como madre cuento con que el Kidy garantice al menos que mi hija no salga despedida, que no impacte contra el asiento anterior, que no haya efecto cuchillo ni todas las lesiones del Seatbelt Syndrome que acabamos de repasar y que, en caso de vuelco, se mantenga en su asiento. Teniendo en cuenta que el vuelco es muy frecuente en los accidentes de autobuses y que la distancia de frenado que requieren disminuye la deceleración, está claro que al menos minimizará el riesgo de lesiones graves en un accidente potencial. Por si no lo conocíais y queréis bichear, se trata, en resumidas cuentas, de una lona fuerte que se ancla con tres cinchas a la butaca del autobús y lleva incorporado un arnés de cinco puntos. Está homologado por el INSIA y ha sido aprobado en crash tests a 50 km/h y vale para peques entre 15 y 25 kgs.

En mi caso personal, estoy luchando por cambios de normativa que solucionen de una vez el problema de seguridad del transporte escolar (¡no olvidéis firmar el change!) y presionando con todo lo que tengo a mano a las compañías de autobuses buscando un compromiso de cinturón de tres puntos regulable en altura. Mientras consigo algún avance, si mi hija tiene una excursión intentaré llevarla en mi coche (ya me andan poniendo problemas y, a medio plazo, tampoco es sostenible) o que al menos viajen con Kidy en lugar de con cinturón de dos puntos. Con un cinturón de dos puntos no me la juego, lo siento. Ahí sí que tengo certezas. Pero esto es mi caso personal como madre y las conclusiones a las que yo he llegado con lo que tengo en mi mano en este momento. Rabiando, por cierto, por tener que elegir entre susto y muerte en el transporte escolar porque quien debe regularlo adecuadamente, no lo hace.

Peor que el problema es un apaño como “solución”.

Mucho cuidado con lo que nos intentan colocar como seguro. Algunos colegios, por presión de los padres, han tenido la brillante idea de utilizar soluciones como esta que veis en la imagen. Para el problema de la presión de los padres (a los que les mandan incluso por escrito las nuevas medidas de seguridad) comprando por dos duros algo que los deje tranquilos, no para el de la seguridad de los niños.

Imagen cedida por Mikel Garrido

Utilizar un producto no homologado es sumamente peligroso. Una correa de primeros pasos no ha sido diseñada en absoluto para garantizar la retención ni la seguridad de un menor ante un impacto o vuelco en un autobús.

Es un producto diseñado para paseo (que, por cierto, personalmente me horroriza), NO un arnés de cinco puntos. No se distribuye adecuadamente sino que se concentra en la región costal y no quiero imaginarme las lesiones internas y las fracturas torácicas que puede provocar si es que no rompe primero por la fuerza de tracción.

Tampoco quiero pensar cómo improvisan los colegios su anclaje al asiento del autobús, atando en modo apaño total la cinta diseñada para sujetar el arnés con la mano ni en cómo puede comportarse el invento ante un accidente. A mi mente vienen imágenes de cometas zarandeadas por el viento y me pongo mala de solo pensarlo. ¡Qué falta de responsabilidad y ética proponer esta barbaridad a la hora de PROTEGER a los niños!

Y no sólo hablamos de un golpe. Este tipo de apaños pueden ser peligrosos si hay que evacuar el autobús.

Por favor, no aceptéis nunca como alternativa válida algo semejante. Es una burrada. Sin más.

Por lo que hay que luchar es por una solución con la que nuestros hijos viajen seguros. Y, al contrario de lo que tendemos a pensar (son lentejas, o me la juego o no dejo que suba al autobús, “no se puede hacer nada más”), sí hay cosas que podemos hacer como padres para lograr llegar a esa solución.

Como ya os adelanté el otro día, en breve os contaré cómo podemos abordar la cuestión con el cole en este aspecto, con una guía de las pegas más habituales, el mejor planteamiento a defender con cada una de ellas y documentos descargables que podréis presentar como apoyo. Dadme unos días más para que podamos rematarla y en el próximo post de esta serie la comparto. Está a puntito de salir del horno.

¿Y tú? ¿Sabías que los cinturones de dos puntos no son seguros? ¿Te preocupa el transporte escolar de tus hijos? Cuéntamelo, te espero en comentarios 🙂

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2 comments

    • Carita says:

      Hola Ana Belén! Mi hija no llega por los pelos a 15 kilos y me han dicho que podría llevarlo, valorando edad, altura y peso, pero en tu caso creo que un kidy no le valdría todavía, tendrías que esperar un poquito más

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