¡Cómo ha cambiado el cuento!

Fuente: Pixabay

Siempre lo digo, salpicado en todas las publicaciones. Fue nacer mi hija y cambiarme la vida. No sólo por lo que, ya de por sí, te cambian la vida los niños (ofú). Es que, en nuestro caso, además, lo pusimos todo patas arriba un pasito más allá de lo habitual, ya que he resultado ser una madre diametralmente opuesta a la que pensaba que sería, con todo lo que ello conlleva.

La peque duerme con nosotros, así que nuestra habitación ha dejado de ser un Espacio Zen Thai (qué recuerdos) para ser un Espacio Forrado De Camas con un estilo camping nada estético pero en el que dormimos en la gloria respirando los tres juntitos en modo madriguera. Llevo tanto tiempo usando la teta para esto de la lactancia que ya se me ha olvidado para qué la usaba antes de ser madre (papá sí se acuerda, ya me pondrá al día). No hemos comprado una triste papilla y en mi casa le hemos bajado la barrera al azúcar de una forma que me recuerda a ese capítulo de Los Simpson en el que Marge le declara la guerra a las azucareras (las palmeras de chocolate NO cuentan, como es bien sabido). Eso sin contar con que en los últimos dos años mi tiempo de descanso se ha ido, en gran medida, al activismo en seguridad infantil. A veces no me reconozco. Si mi yo de hace cinco años me viera, alucinaría pepinillos. Cosa estupenda, viendo las cosas que pensaba sobre la maternidad hace cinco años.

En fin, con esta pequeña introducción, queda claro que ya me espero cualquier cambio en lo que venían a ser mis costumbres pasadas

¿Que hay mucha gente en la playa? Hale, pues mejor, más niños alrededor. Se acabó eso de caminar para buscar un sitio en el que estemos solos en la playa, que es lo que siempre hemos hecho. Total, la primera que nos va a dar guerra la llevamos puesta y las horas muertas con el ebook mirando al mar han pasado a la historia, así que de perdidos al río… y a la playa.

¿Que toca celebrar la Navidad a lo grande? Venga, vamos a comprar decoración para el árbol. Y a conseguir un árbol, claro, porque yo llevaba unos quince años peleada con las fiestas navideñas y alegrándome sólo por un mes con barra libre de roscones (otro amor de juventud). Pero ahora está la peque, y sólo hay que verle la carilla para poner el abeto, armar el belén, poner más luces que el aeropuerto y todo lo que se tercie.

Y, llegando al asunto que hoy me ocupa… ¿Que llega Halloween? ¡Pues a disfrazarse! Y esto era muy, muy, muy pero que muy difícil, porque yo no puedo con Halloween. Me dan asco las telarañas, me dan ascomiedo los bichos y me dan miedo los zombies, los fantasmas, las momias y hasta los payasos. Va a ser que no es mi fiesta soñada, más que nada porque me daría pesadillas.

Puestos a confesar, que para eso este es mi espacio, he llegado a tener miedo hasta con pelis de Harry Potter. Sí, lo sé, lo sé. Pero es que es la verdad. Ni hablemos de una película de miedo… vi una a principios de 2003 engañada por un amigo (gracias, Jesús, aprovechando la ocasión) y todavía hago esfuerzos por mantenerla en cuarentena en la cabeza porque, si me acuerdo de alguna escena, me da el tembleque. Y eso que la mitad de la peli ni siquiera la vi, sólo la escuché.

He esquivado Halloween durante treinta y seis años, que ya tiene su mérito. He rechazado fiestas e invitaciones, me he quedado en casita cada noche de los muertos y el año pasado, cuando se puso de moda lo de los payasos diabólicos volví a casa la tarde del 31 de octubre cagada de miedo algo asustadilla, no me fuera a salir un vecino disfrazado por el garaje y me diera el infarto de mi vida.

Pero ya me ha pillado, como todo lo demás. Nació mi hija, creció un poquito, entró al cole y me llegó una circular. Habemus celebración de Halloween y habemus disfraces halloweeneros. Este año, como me imaginaba, me toca entrar en el juego. Ay, las madres. Valemos nuestro peso en oro. O en calabazas.

Tenía dos opciones. Disfrazar a la peque rezongando y mandarla pal cole haciendo como que esto no va conmigo, que era lo más práctico, lo más barato, lo más fácil… y lo más triste, o aprovechar la ocasión para disfrazarme e intentar disfrutar mi primer Halloween, junto a ella. ¿No dicen que en chino la palabra crisis significa oportunidad, o algo parecido? Pues eso. Que este año nos disfrazaremos los tres. Hasta papá se anima, olé ahí. Esto es como lo de las dietas, es más fácil si lo hacemos todos juntos.

Así que, por primera vez en mi vida, me senté a buscar disfraces para Halloween (previo veto de todo lo que me diera yuyu, por supuesto). Lo que no cambia la maternidad no lo cambia nada.

El proceso de selección nos llevó dos buenas horitas delante del portátil con la cantidad de disfraces molonísimos que hemos dejado en favoritos para carnavales y algunas “disensiones internas” provocadas por mi veto:

_ ¿Puedo ir de guerrero zombie?
_ NO
_ ¿Y de ninja zombie?
_ NO
_ ¿Y de…?
_ Por favor, ¡nada zombie!

Al final el padre siempre da más guerra que la niña, pero esto no lo cubren las hormonas maternales, XD

Y por fin llegamos a los ganadores. Lo he conseguido incluso yo. Habemus disfraces chulos para este Halloween que será el primero que celebraremos en nuestra vida. Aquí tengo que darle las gracias a Guillermo de Disfraces Simón por su exquisita atención, sus consejos con el tema maquillaje para la peque y lo rapidísimo que nos lo ha mandado todo, gracias a lo cual llevamos ya varios días jugando por casa, con la peque corriendo y saltando en la más pura felicidad y hasta el abuelo poniéndose la que, se supone, es mi peluca negra para parecer un alter ego de Mario Vaquerizo. El martes será la noche del terror pero ayer fue la tarde de las carcajadas.

Así que nada, ya lo tenemos todo listo. Tanto niña como padre estarán comestibles el día 31 (ñam) y yo voy a cumplir un sueño: el de ser mala, mala, malísima, aunque sea de pega (aquí tenéis una pista sobre quién pretendo ser el próximo día de Halloween). Tengo que confesar que fue verlo y pensar ¡lo quiero!, no me pude resistir y a partir de ahí salió todo lo demás.

Eso sí… con un guiño especial a la temática de este espacio que da título a este post. Porque voy a cambiar mucho el cuento. Y hasta aquí puedo leer. El resto lo veréis en Facebook e Instagram…  😉

Hay que fastidiarse con la maternidad…. ¡hasta tengo ganas de que llegue el 31!

¿Y tú? ¿De qué te vas a disfrazar el próximo 31 de octubre? ¿Te gusta Halloween? Este espacio se nutre de tus comentarios, déjame uno 🙂

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6 comments

  1. Diana says:

    Pues también soy anti, aun me queda para que el cachorrón vaya al colegio pero cuando lo haga ¿quién sabe?
    Si que cambia el chip, el cuento, los gustos y mil cosas, pero ellos lo valen : )

    • Carita says:

      Es una de las fiestas importadas que yo habría dejado lejos lejos 😀 Pero en el cole les montan un auténtico jaleo con ello, lo usan de juego en inglés… así que ella lo va a vivir desde pequeñita y entre las dos opciones, seguir manteniéndome al margen porque detesto el rollo terror o intentar disfrutar con ella para que ella disfrute al máximo… pues me quedo la segunda, qué remedio! La maternidad es lo que tiene 🙂 Un abrazo!

  2. Silvia says:

    Me encanta leerte en temas de maternidad (sigo esperando tu post del destete, ya sé que necesitas tiempo ).

    Y con lo de Halloween pensaba como tú, lo odiaba, hasta que mis gecinas propusieron celebrarlo con los peques. Eso sí, yo de momento ni hablar. Y su padre aún menos.

    Vaya sorpresa al ver lo de Simón, ¡del pueblo de mi madre!

    • Carita says:

      Hola Silvia! Anda, qué casualidad! Pues son encantadores 🙂 Yo sigo sintiendo lo mismo pero por la peque lo que sea, jeje. El post del destete lo tengo retrasado pero… porque al final no hemos llegado a destetar!

  3. Xania says:

    es que lo que no se haga por un hijo… estoy deseando ver el resultado, desde luego tiene muy buena pinta!!! Y la página me ha encantado, jo tienen un disfraz de vikinga que me ha enamoradooooo

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