Normas para un colecho feliz

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Foto: Pixabay

Se habla mucho de colecho hoy día. Es lo recomendado, lo mejor para los peques, lo mejor para el apego y, encima, lo que está de moda. Si eres una madre respetuosa e informada, que quiere una crianza consciente y busca el bienestar de tu hijo, TIENES QUE colechar. Si no, vaya, no serás tan buena madre como piensas, eres egoísta, cómoda, no te importarán tanto tus hijos como dices. ¡Qué manía de meterse en la vida de los demás a sentenciar! Con tanto requerimiento, muchas veces se inician colechos mal enfocados. Porque no corresponden a la elección vital que cada cual hace en su familia ni a sus necesidades.

Y otras muchas veces ocurre lo contrario. ¿Que estás pensando en dormir con tus hijos? Así los vas a malcriar, verás en qué jardín te metes tu solita, vais a tener problemas de pareja, luego no los sacarás ni con agua caliente, vaya padres, que vuelcan sus carencias en los pobres críos y no les dejan ser independientes. Y una no se atreve porque la presión externa lo impide, cuando apetece a rabiar. Por eso, si estás planteándote la cuestión, te doy mi punto de vista de cómo conseguir un colecho feliz.

1. Ten ganas, realmente, de colechar

Si decides dormir con tu peque, no lo hagas porque te lo digan, no lo hagas por demostrar que eres buena madre, no lo hagas porque has leído u oído que es lo que hay que hacer, no lo hagas porque es lo que se hace ahora.

Hazlo, sencillamente, porque QUIERES dormir junto a tu bebé (o junto a tu no-tan-bebé), porque duermes mejor así, porque te gusta sentir sus manitas rechonchas en tu rostro cuando se despierta por las mañanas a tu lado, porque duermes más relajada escuchando su respiración cerca, porque te mueres de ternura abriendo un ojo en la penumbra de la mañana y contemplando ese bultito de amor junto a ti, porque tu habitación ahora no es un simple dormitorio, es tu madriguera y contigo está tu cría, calentita, amorosa y segura. Y algo en tu interior resuena con ese sentimiento primario y poderoso.

O, que también puede ser, hazlo porque ASÍ es como se puede dormir en tu casa, sin más (véase punto cuatro). Siempre va a ser más feliz un colecho en el que todos podéis dormir y descansar cada noche que otras fórmulas en las que nadie pega ojo y pareces el sereno (aunque muy serena no se está cuando no se duerme… de eso, entiendo mucho). Aunque no lo tuvieras contemplado. Aunque vaya contra tus planes y tus ideas previas. ¿Qué es la maternidad, sino ir descubriendo que todo lo que has planeado no sirve y tienes que recorrer caminos inesperados?

Pues eso. Duerme. Descansa. Colecha si es lo que quieres o es lo que te funciona. Pero decídelo tú, con ganas.

2. Hazlo con seguridad

Hay ciertas cosas importantes que debes tener en cuenta para que el colecho sea seguro. Tienes muchos artículos detallados al respecto pero te haré un pequeño resumen orientativo. Algunas son recomendaciones comunes, duerma donde duerma y otras tienen especial importancia cuando compartís el mismo espacio. Por si acaso, las repaso todas 🙂

  • La superficie donde duerme el bebé debe ser uniforme. Sin huecos en los que pueda quedar encajado o superficies excesivamente mullidas por riesgo de que se asfixien, sobre todo cuando son recién nacidos (¡cuidado con los sillones! están llenos de superficies mullidas con huecos entre ellas, muy peligrosos). Si pones al bebé contigo, ya sea en la cama o en una cunita sidecar, asegúrate muy bien de que todas las superficies son lisas y sin espacios donde pueda “colarse”.
  • Igualmente, ten cuidado con lo que hay sobre la cama. Retira todo aquello que creas que puede ser un peligro: cualquier cinta o elemento “alargado”  (riesgo de estrangulamiento), elementos mullidos como cojines, peluches o edredones de plumas (riesgo de asfixia)… Nosotros tuvimos la suerte de que las primeras semanas era pleno verano y no necesitábamos nada pero después vimos que lo mejor para dormir relajados era apañarnos con mantas de sofá individuales, al tener a la peque en medio de los dos. Aunque durmiésemos en modo camping en lo que antaño había sido una preciosa cama de matrimonio con fundas nórdicas de estilo Thai  (suspiro nostálgico).
  • También es muy importante tu estado físico y hábitos. Hay algunas condiciones en las que es mejor no hacer colecho: si fumas (aumenta el riesgo de muerte súbita, especialmente las primeras semanas), si tomas pastillas para dormir, alcohol o estás en malas condiciones y piensas que puedes perder la noción de que el bebé está contigo…
  • Asegúrate de que el bebé no pueda caerse nunca de la cama mientras duerme: ponlo entre ambos, entre la pared y uno de vosotros, coloca una barrera… no dejes nada al azar para evitarte un susto. Al final, a todas se nos acaba pegando una castaña el peque pero, por lo menos, que sea despierto.

3. Busca lo que le sirva a TU familia

No importa lo que hagan la vecina del sexto o tu prima Marijose.

Es posible que el hijo de la vecina duerma cual muñeco de porcelana sin que se le mueva un pelo en toda la noche y el tuyo haga Krav Maga entre sueños, y por eso ella se levante fresca como una lechuga y tú molida como un puching ball.

Y es posible que Marijose tenga una cama infinita de 180 cm pero, si la tuya es de 135 cm y tu marido es dos veces el suyo, las matemáticas no van a tu favor y esos 50-55 cm que calculas a ojo que fallan en tus cuentas te van a obligar a retorcerte como una alcayata mientras tu prima duerme a pata suelta.

Olvídate de lo que les sirve a los demás y busca lo que funcione en tu casa y tu familia.

4. Adáptate y busca soluciones, temporales o permanentes.

Si algo no funciona, no funciona. Si el bebé se os encaja en las lumbares y os impide relajaros, quizá sea buena idea probar con una cunita sidecar y delimitar más los espacios. Si no puedes moverte por la noche porque tu peque se despierta y no pegas ojo ni descansas, no es un colecho feliz. Es posible que sea mejor buscar alternativas en las que todos descanséis. Si papá sí duerme relajado y tú no, y no quieres mandar al peque a dormir solo aún porque te parece que es demasiado chiquitín, tal vez puedas irte tú a descansar a otro sitio las noches que veas que no concilias el sueño. O durante un tiempo (porque TODO pasa, de verdad).

Muchas familias (por no decir todas) , opten o no por el colecho, han tenido que hacer, ante determinadas circunstancias que van surgiendo, apaños temporales o permanentes para poder descansar TODOS. Durante una temporada, más o menos larga, tu casa puede parecerse a una comedia de situación en la que nadie despierta donde se durmió la noche anterior. No pasa nada: lo importante es dormir.

Dormir en compañía a veces tiene sus molestias, ya lo hagas en pareja o en familia… pero es innegablemente bello. Dejarse llevar por el sueño y despertar junto a un ser amado no tiene comparación. Nadie mejor que tú sabe lo que quiere y necesita para poder descansar pero, si optas por dormir con tus hijos… disfrútalo. Llegará un día en que no querrán tenerte cerca por la noche, llegará un día en que ni siquiera compartiréis techo. Así que olvida al mundo exterior, escúchate, haz lo que sientas, de la forma que funcione en tu familia y busca tu colecho feliz.

¿Y tú? ¿Qué opinas sobre este tema? ¿Me lo cuentas? 🙂

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This entry was posted in Crianza.

4 comments

  1. Ana says:

    Bravo! Magnífico artículo!
    Nunca he entendido por qué la gente tiene como afición decirte lo mal que las madres lo hacemos todo siempre, aunque hagas una cosa o la contraria…

    • Carita says:

      Gracias 🙂 Hay que escucharse y saber lo que una necesita, quiere y se siente capaz de hacer. Y encontrar lo que funciona en tu familia. Un abrazo!

  2. atravesdetusojos says:

    Estoy de acuerdo, lo importante es que toda la familia descanse lo mejor posible y cada una tiene que encontrar la forma de hacerlo. Nosotros hemos optado por soluciones que como bien dices han ido evolucionando con los peques y cambiando. Ahora tenemos maxi cama de 2,70m!! Somos 4

    • Carita says:

      Nosotros andamos en 2,50m para tres 🙂 Sin pasillo para salir y sin acceso al armario, eso sí, la habitación es prácticamente una superficie acolchonada… pero ¡lo cómodos que dormimos! Un abrazo!

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