¿No quiere ir al cole? 5 recursos si la adaptación no va bien

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Fuente: Pixabay

Después de tres años juntas criando a fuego lento ya me esperaba que el comienzo del cole iba a ser algo complicado. Ya sé que no tiene nada que ver, que hay niños que han ido a guarde y se adaptan fatal al cole y niños que han estado en casa y se adaptan fenomenal al cole, sí. Pero también conozco a mi hija como si la hubiera parido, me conozco a mí misma y tenía claro que, para nosotras dos, el cambio a la rutina del cole sería muy fuerte. ¿Lo llevaríamos bien? ¿Nos costaría? Esas preguntas que llevaba meses haciéndome se han ido respondiendo a lo largo de las últimas semanas, desde que fuimos ese primer día al cole y empezó lo que se conoce como “período de adaptación”.

Realmente, muy pocos colegios tienen período de adaptación, como explica Miriam Tirado fantásticamente. Hay períodos de asistencia escalonada, sí, pero eso no es adaptación. Una adaptación debe durar hasta que el niño se adapte, atendiendo a su ritmo y necesidad. Una hora dos días y pasamos a tiempo completo no es adaptación, es ir una hora dos días y pasar a tiempo completo. Te dejo entrar la primera semana al aula y luego te quedas fuera no es adaptación, es te dejo entrar pero sólo una semana.

Que sí, que mejor será eso que ir a pelo desde el minuto uno y entregar llorando al niño al otro lado del pasillo para que se lo lleve al aula un desconocido (es lo que es, tanto para tu hijo como para ti, al principio). Pero el peque va a tener que tirar de sus aún escasos recursos internos para procesar el inicio del cole, la separación de su entorno familiar o el cambio desde su anterior entorno si iba a guarde, el mogollón de niños nuevos, la profe (su nueva figura de referencia, a la que no conoce y en la que no confía)…. Y solo. Mucha tela.

Así les pasa a todos algo. A unos mucho y a otros poco. A unos tres días y a otros dos meses. Pero algo: se enfadan con el mundo y todo les irrita, están pasados de vueltas por la tarde saltando de la alegría al llanto en segundos, aumentan las rabietas, aparecen regresiones a fases ya superadas (se escapa el pis, piden chupete o teta, se despiertan muchas veces, quieren ir en brazos)… Tu hijo durante un tiempo no parece tu hijo. Lo que es peor, sientes que lo está pasando mal y no sabes cómo ayudarle.

Y se te rompe el corazón cada vez que se aprieta contra tu pierna y te dice con pena honda: “No quiero ir al cole, por favor, no me dejes allí”. Se te rompe porque te sientes impotente, te sientes una mierda, te sientes entre la espada y la pared, te sientes perdido. Lo decía Armando Bastida en otro post de los que remueven por dentro, sientes que estás traicionándoos a ambos, al niño y a ti. Y eso mata.

Creo que, tras nuestra tortura con el sueño, estas últimas semanas son las que peor lo he pasado como madre. No estoy acostumbrada a ver a mi hija pasarlo mal y, sobre todo, no estoy acostumbrada a “ignorar” sus demandas. Cuando hemos tenido que hacer algo y no estaba preparada:

A) He respetado su ritmo.
B) He seguido adelante ACOMPAÑÁNDOLA (ejemplo: temas médicos)
Nunca, nunca he hecho la C) Seguir adelante sin acompañarla (me duele hasta escribirlo)

Pero en el cole no me dejan entrar. Al principio, me limité a retorcerme de impotencia, irme a casa a intentar hacer algo de provecho aquí con la cabeza allí, dudar, sentirme culpable, pasarlo mal. A no adaptarme yo tampoco. Después me remangué, leí todo lo que encontré sobre el tema, medité mucho mis opciones, desempolvé la parte creativa y resolutiva de mi cerebro e hice una lista con todos los recursos que se me ocurrieron. De menos a más, que para algo soy fisioterapeuta y pienso en modo no invasivo.

Aquí tienes el resultado de la guía de actuación que estoy poniendo en práctica desde el mes pasado para ayudar a mi hija a superar este reto y no volverme loca de impotencia mientras tanto:

1. Hablar mucho

Llevábamos meses hablando del cole pero la cagué me equivoqué en el enfoque. Buscando que lo viera como algo positivo, hablamos mucho de lo positivo. No lo vendí como la pera limonera pero sólo mencioné “lo bueno” que nos esperaba en el cole: conocer y poder jugar a diario con muchos niños (algo que nos faltaba) y aprender muchas cosas divertidas.

Me comí “lo malo” y también hay que hablarlo para saber lo que nos espera. Que es normal que estemos tristes en algún momento y nos echemos de menos o tengamos miedo en algún momento porque no conocemos a nadie. Que poco a poco iremos creando lazos pero, al principio, podemos sentirnos un poco perdidos. Que a mamá y papá les pasó cuando eran niños y fueron al cole pero que también les pasa siendo mayores cuando empiezan en un trabajo nuevo y todo es desconocido. Que hay que acostumbrarse al sitio porque es nuevo y también a la gente, porque también es nueva. Que todo eso es normal y nos pasa a todos, aunque seamos mayores. Pero que los mayores hemos tenido muchos más cambios y tenemos más práctica, y ellos también aprenderán como con todo lo demás. Y que, mientras tanto, aquí estaremos nosotros para hablarlo todo, para que nos cuenten todo lo que quieran contarnos, para darnos un extra de abrazos, para darnos ánimos y para querernos mucho porque eso nunca cambia aunque hagamos algo nuevo.

No quise sugestionarla antes de empezar y me ha tocado hablar y hablar después. Cada mañana, acurrucadas en la cama, hemos hablado de su tristeza, de su miedo, de sus ganas de estar conmigo. Validando todo lo que siente (ha sido fácil porque la comprendo de todo corazón y yo siento algo parecido) y tratando también de insuflarle calma y confianza, tanto en ella misma como en papá y mamá. Que nunca piense que no tenemos en cuenta sus sentimientos, que hemos dejado de escucharla, de respetarla. También hemos hablado de lo que siento yo (siempre he sido muy sincera con ella en este aspecto) y nos hemos querido mucho, mucho porque los necesitamos las dos.

La pregunta del millón: ¿sirve? SÍ. A los tres años, mi hija no tiene aún el vocabulario, abstracción o capacidad de razonamiento suficientes como para procesar todas las emociones que la invaden y hablando yo le presto las palabras y pensamientos que necesita para poder comprenderlas y archivarlas. Verbalizamos sus sentimientos y les damos forma (nada asusta más que sentir algo y no saber qué nos pasa). Hablar siempre sirve.

También hay libros sobre el tema que podemos usar de apoyo (a ver si los recopilo para otro post).

2. Role playing

Cuando no cuentan nada (“¿Qué has hecho hoy?” “Muchas cosas”) de forma natural (se trata de hablar, no de interrogar) o, directamente, ni siquiera escuchan (a esta edad sufren una “sordera” idiopática que hace que te quieras tirar de los pelos varias veces al día), puede que no encontremos ese rato de conversación. En estos momentos la simulación funciona super bien.

Primero, porque a los niños les encanta y segundo, porque, a través de la improvisación y el cambio de roles, podemos sacar muchos datos de lo que pasa en el cole o cómo lo está viviendo nuestro hijo y ayudarle a procesar la rutina del colegio en un entorno seguro, su casa. En nuestro caso, se me encendió la bombilla una tarde de hace dos semanas.

_ ¿¿Qué os parece si jugamos al cole?? – pregunté entusiasmada (hay que darlo todo) – Uno es la profe, otro el nene y otro la mamá.

_ ¡Síiiiiiiii! – gritó ella entusiasmada.

_ No, por favor – intentó escaparse papá, que para estas cosas es muy sieso. Pero le tocó, que para eso se tienen hijos, para sacarte de tu zona de confort 😉

Así que nos pusimos a jugar. Ella pidió ser la profe, yo era el nene y papá era la mamá. Como buen nene a comienzos del cole me puse inmediatamente a gritar que quería estar con mi mamá, mientras ella me calmaba diciendo que lo entendía, que mamá vendría pronto… Aquel juego nos aportó, en quince minutos, mucha información y paz, aunque papá no estuviera muy emocionado con el reparto de roles (luego le tocó ser “la del pollo” y casi le perdemos).

El role playing es un recurso genial para saber cómo perciben el cole y ayudarles a integrarlo desde la seguridad de la imaginación.

3. El botón de los abrazos

Aunque, hablando y jugando, en casa las cosas iban bien, me seguía angustiando dejarla triste en el colegio sin más consuelo que “luego vengo a recogerte”. Entonces una amiga me habló del botón de los abrazos y me pasó el enlace de una mamá que había ideado algo genial para ayudar a su peque.

A la mañana siguiente, cuando volví a sentir la angustia de mi hija, le dije: cariño, mañana si quieres te pinto un botón mágico para que cuando estés en el cole puedan llegarte mis besos y mis abrazos. Me miró con un puchero y me pidió: hoy, mamá. Y en la misma puerta del aula pedí un boli y nos dibujé dos corazoncitos, uno en su mano y otro en la mía, que nos mantendrían conectadas aunque no estuviéramos juntas. Si en algún momento nos sentíamos tristes o nos echábamos de menos, sólo teníamos que apretar el botón y nos llegarían los abrazos y los besos de la otra.

Así llevamos dos semanas, en modo neohippie, con un corazoncito pintado en la mano y otro de repuesto en el antebrazo por si el primero se borra. Es sólo un símbolo pero consuela y le recuerda que la separación es temporal, que al otro lado de ese dibujo está mamá. Venga, lo digo. Ese corazoncito chacho de mi mano derecha me consuela A MÍ también. Todas las herramientas sirven.

4. Involucrar al cole

Hablamos, jugamos al cole en casa, nos llenamos el brazo de corazones (un día fue con el brazo derecho en plan Body Art)… pero no termina de funcionar o, simplemente, a esas alturas ya estamos tan agobiados que necesitamos ayuda externa. Llega el momento de hablar con el cole. Es un paso que puede costar dar: a ver si nos van a etiquetar (conflictivo, problemático, mal yuyu). Pero es lo más normal del mundo, estamos hablando de nuestros hijos, nuestro bien más preciado. Los dejamos a cargo del cole y si algo no va bien hay que hablar. El cole lo va a comprender, nos va a escuchar. Y si no, ya tenemos un dato importante…

¿Qué podemos hacer?

  • Pedir una tutoría a la profesora para hablar tranquilos, contrastar la vivencia del peque en casa/cole. A veces sólo con eso ya recibimos luz y consuelo, y la profe se vuelve nuestra aliada en el proceso de forma mucho más cercana.
  • Preguntar si se puede hacer un período de adaptación más largo o alguna fórmula personalizada, como no llevar al peque por las tardes si come en casa (a la tutora o a dirección, en algunos coles las tutoras son el sheriff en su aula, otros pautan todo)

Cuatro días comenté a la tutora de mi hija mis inquietudes, pidiendo en abstracto una tutoría (“si te va bien…”). El quinto día fue distinto: NECESITO hablar contigo. Porque lo necesitaba, so pena de volverme (más) loca. Oír decir a la peque que está triste todo el rato y piensa en escaparse tiene un límite de aguante, necesitaba que su profe me contara cómo la veía, cómo estaba, contarle yo de dónde veníamos, cómo era mi hija. Hablar con ella esa media hora larga fue como abrir el pitorro de la olla express. Iba a estallar.

5. Decidir en casa, escuchándonos

El cole no me deja, el cole me dice… Bueno, llega un momento en el que quizá el cole deba quedar en un aparte a la hora de seguir tomando decisiones. Son nuestros hijos. Y en última instancia decidimos nosotros (por supuesto, hablamos de infantil, donde son realmente muy peques y la escolarización es voluntaria)

Estoy segura de que no voy a necesitar llegar al último recurso (aunque lo valoré). Pero podría ocurrir que nada funcione, que el colegio no dé opciones o que, como madre, considere que mi hija no está preparada todavía para este paso, que sufre y que nos está costando más de lo que estoy dispuesta a aceptar por una etapa no obligatoria. Se trata de una decisión TAN personal que aquí no caben los consejos, sólo cabe escucharse. Y si hay que sacar al peque del colegio y esperar un año más, pues se hace, que tampoco pasa nada.

O, quizá, podamos optar por soluciones menos drásticas como la que mencioné antes de Armando: decidir en casa, con nuestro hijo, cada día, si va al cole o no.

Lo más importante, hagamos lo que hagamos, es tener una cosa clara: SIEMPRE tenemos recursos.

¿Y tú? ¿Cómo has llevado la adaptación al cole? ¿Qué recursos has utilizado? Este espacio se nutre de tus comentarios, déjame uno 🙂

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8 comments

  1. Ana says:

    Te entiendo perfectamente, un abrazo. A mi me consuela pensar que es normal, que se está expresando, que lo raro sería que estuviera como si nada, (aunque igual hay niños que sí, que ya se sabe que cada uno es distinto).

    Pero joroba mucho que sean así las cosas, y desde luego son muy mejorables, y ojalá mejoren.

    A mi también me preocupa ahora, sobre todo, más a largo plazo. Y es que sería muy triste que en algún momento no dejara de decir ,«no quiero ir al cole», porque en mi caso también sale de allí más o menos bien, pero luego dice eso y jope, son tan pequeños…

    • Carita says:

      Hola Ana! Entre el tiempo que pasa y los recursos que hemos ido empleando para gestionar el tema, en casa estoy notando avance positivo (cosa que consuela enormemente porque si no yo creo que ya estaría aplicando el quinto, al que no he necesitado llegar). Entra aceptablemente (ni triste ni contenta, normal), sale contenta y la tutora me dice que allí está bien. Por las tardes está quizá un poco revuelta, más “peque” pero razonablemente normal (las primeras semanas es que no era ella). Pero cada día tenemos que hablar del “no quiero ir al cole”. Yo siempre he sido tan caótica y libre en mis horarios que, la verdad, entiendo perfectamente que no quiera que estemos sujetas a ese horario fijo cinco días por semana y siento lo mismo. Lo que no quiero es que lo pase mal y por fin empiezo a sentir que salimos de eso. Un abrazo enorme

      • Ana says:

        Me alegro un montón!. Vamos a pensar en positivo, verdad? que será algo que con sus más y sus menos al final compense a la familia y también y sobre todo, a ellos, los peques, que por eso tomamos la decisión de escolarizar ahora. Un abrazo!

        • Carita says:

          Como en todo, hay que valorar en conjunto y dar un poco de margen a cada decisión y cada cambio. Y eso cuando lo eliges tú y puedes elegir porque a veces la necesidad manda y sólo queda adaptarse… pero todo esto forma parte de la vida también, un abrazo!

  2. Ro Santacruz says:

    Hola Mamá de otro planeta gracias por compartir con tanto cariño temas tan íntimos como lo son tu relación con tu princesa, me encantó este post tanto que lo guarde aún no llevo a mi Príncipe al jardín tiene 3 y lo llevaré el año que viene pero de sólo pensar en separarme de el tantas horas me angustia… Me encantaron todos tus consejos así es que los guardo para usarlos cuando me haga falta un abrazo desde el corazón de América del Sur mi querido Paraguay

    • Carita says:

      Gracias por este comentario tan bonito, tan lejano en distancia y tan cercano en sentimiento 🙂 Espero que llegado el momento vaya todo muy bien y, si os cuesta, os sirva de ayuda alguno de estos recursos. Un abrazo enorme.

  3. Ratoncito says:

    Me ha gustado lo de Rold Playing! Lo intentare en casa a ver si me entero de algo mas porque ahora mismo lo unico que le sonsaco es si ha llorado o no, si ha comido lo que le mande y en que color ha pintado hoy….
    Por aqui la adaptacion fue mejor de lo que esperaba, yo es que me esperaba un drama a lo grande durante un mes…que Ratona se agobia mucho con colectivos de niños que no conoce y lleva fatal la separacion, en la guarde lo pasamos muy muy mal al principio. Pero al final fueron solo dos dias malos, luego ya muuucho mejor y ahora ya vamos bien. Y eso que en nuestro cole la “adaptacion” fue 4 horasen lugar de 5 y poder llevarlos hasta la puerta del aula el primer dia, a partir del segundo dia ya tiempo completo y dejarla en la entrada del cole pra que suban solos. Sigue entrando muy tristona por la mañana y a mi se me rompe el corazon al verla andando solita y triste entre cientos de niños por el camino hacia las aulas pero al recogerla viene contenta y ya no llora y dice que quiere ir al cole asi que…supongo que ya vamos bien! Yo si que le hable tambien de lo “malo” antes de empezar, leimos muchas veces el libro de Lulu y yo le decia que mama tmb lloro los primeros dias… Y el primer dia le pinte una cara de gatito en la mano (le encantan los gatos) y le dije que siempre que estuviera triste, mirara al gato y se acordara de mami, que vendria a recogerla pronto…pero me mola lo del boton de besos! Lo probare la semana que viene!
    Mucho animo mamiiii, podreis con ello las dos!

    • Carita says:

      Pues cuánto me alegro! Bichito también entra regular pero sale bien así que creo que vamos mejorando mucho 🙂 Cuéntame qué tal va cuando lo pruebes!! Un beso grande

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