Salí Mama Pato, qué le vamos a hacer

Mama Pato

Foto: Pixabay

Inauguro sección, así a las bravas. Sin pensarlo mucho. Llámalo humor, llámalo desahogo, llámalo ay-dios-que-se-le-fue-la-pinza. Ya le encontraremos un título adecuado pero, de momento, lo que quiero es escribir sin estructurar ni buscar un sentido último al post. Escribir lo que me pida el cuerpo. Y a ser posible que no sea educativo, que no sirva para nada, por favor. Sólo para sonreír. Para variar un poco.

Porque sí, este blog lo he abierto para compartir, para expresar, para ayudar. Pero también para descargar. Que la vida es muy seria ya con todo lo que tiene y la maternidad es de una responsabilidad que espanta, y de vez en cuando hay que liberar todo eso para que no te estalle la cabeza por combustión espontánea y acabes convertida en una enorme palomita de maíz.

Ese estado pre-palomitoso me lo noto yo con frecuencia de tanto sueño que he ido acumulando en estos últimos tiempos así que procuro reírme todo lo que puedo. Que no es poco. Y de paso, se ríe Superpapi. Ya que le complico tanto la existencia, qué menos que alegrársela también.

A veces me encantaría ser una de esas Mamás Super Cool que te sacan carcajadas a golpe de ironía, que te hablan de sus hijos con ese humor ácido irresistible que te hace pensar que tener un hijo que lame escaparates mola (no te pierdas este post de Hija no hay más que una). Seguro que has leído a alguna. Me encantaría, de verdad. A ratitos. Ser una Mamá Moderna. Una Mamá Guerrera. Una Mamá Irreverente.

A primera vista, tengo lo que hay que tener. Para bien o para mal, yo siempre he sido muy mía y está claro que el coco me funciona en modo Club de la Comedia con una frecuencia más que respetable (pero sin cobrar, lo que demuestra que soy ingeniosa pero tonta). También sé ponerme bruta cuando procede. En fin. Cuánto talento desperdiciado. Porque no va a suceder.

Pero es que yo miro a Bichito y me vuelvo azucarillo. Yo hablo de Bichito y me siento un algodón. Qué le vamos a hacer, es que yo salí Mamá Pato.

Tal cual hablaba de los niños en esa otra vida en que no los tenía no me habría dado por pensar que la cosa sería así… Pero mira. Todo sale al revés de lo que una se espera. Para despistar.

Iba empoderadísima al parto y me dieron hasta en el carnet de identidad. Un parto consciente quería yo. ¡Ja! Y eso que lo tuve, a mi manera. Bien consciente que fui de lo horrible que estaba siendo, de lo mal que lo estaba llevando, del bloqueo mayúsculo en el que entré (o en el que me metieron) y de la perra suerte que me había hecho elegir parir donde parí. Se ve que no me quedó del todo claro qué era lo que tenía que ser consciente.

También me pensaba que no tenía paciencia, que iba a tener que contar hasta diez,  hasta veinte o hasta diez mil quinientos setenta y tres con cada desafío, que a ver cómo me las arreglaba. Pero va y resulta que en casi dos años no he pegado un solo grito a Bichito (a Superpapi sí le ha caído leña) ni durmiendo menos que el sereno. Y aquí estoy, sin reconocerme apenas, gestionando situaciones con recursos de adulta (ostras), con una cachaza que debió de venirme en alguna de las canastillas del embarazo y hasta mirándola beatíficamente cuando tiene una enternecedora rabieta.

Sí, sí, me has leído bien, he dicho enternecedora. Eso pone, tranquila, que no estás mal de la cabeza, aunque a lo mejor yo sí. Pero es que la veo tan pequeñita, tan incapaz, tan sin recursos, con ese enfado tan grande que no le cabe en ese cuerpecillo tan chiquitín, y me da ternura. Ni vergüenza, ni ansiedad, ni mosqueo puro y duro. Te lo repito, que las dos necesitamos leerlo otra vez para creérnoslo. Ternura.

Así que ya ves. Salí Mamá Pato. Aunque las jodías ponen un huevo, que da menos guerra. Tiene huevos la cosa pero, salvando ese tema, es así, me puede la ternura. Será que estoy más hormonada que los pollos con tanta lactancia, ya que estamos hablando de aves. A lo mejor dentro de un tiempo desteto y vuelvo a mi ser, cambia la cosa y despliego un humor ácido sobre temas que ahora ni me planteo, pero lo dudo. Creo que este estado algodonoso es irreversible. Algo me dice que lo mejor va a ser seguir haciendo lo de siempre: reírme de mí misma. Tengo treinta y cinco años de experiencia, que ya es un grado.

Y total, también está bien así, reírse alarga la vida, y tengo por recuperar muchos años perdidos por no dormir… Por intentarlo que no quede.

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4 comments

  1. JULISSA AND LIAM says:

    Yo soy una mama tan, tan no se , la verdad es que lo único que se es que cuando veo a mi negrito haciendo pataletas me da tanta risa por que solo tiene 1 año y 4 hermosos meses y ya me hace pataletas y valvucea palabras jajaja el me alegra la vida.

  2. Ratoncito says:

    Jijiji te ha gustado Flor eh? Yo…supongo soy mitad-mitad. A ratos mama ñoña, que de momento sorprendentemente tambien va sacando la paciencia antes bien oculta en situacion criticas (aunque aun no estamos en la crisis de dos años asi que ya hablaremos en unos meses), pero tambien me pierde la ironia asi que me gusta reirme de las sitiaciones que vivimos dia a dia con mi ratona y contarlas con su buen chute de humor, es mas, creo que me ayuda a superar las situaciones “criticas” – me imagino como lo contare a mi grupo de mamis o amigas en watsap y lo gracioso que se puede ver desde fuera y en lugar de agobiarme mas, me relajo y a seguir marchando! Y de coleccion de fotos graciosas de la nena con adornos varios y disfraces y en poses ridiculas ya ni hablamos…mi churri dice que cuando sera mayor, me va a odiar 😀

    • Carita says:

      ¡Gracias por tu comentario! Sí, me gustaron mucho las dos. Yo siempre he sido fan y parte de ese estilo de humor, pero oye, que en lo que atañe a Bichito no me sale la acidez. 100% azucarillo. Es super sano reírse, a la manera que a una le salga en cada momento, etapa o situación, así que ríe todo lo que puedas que haces bien 🙂 Y mucha suerte en esa etapa que se te va acercando de los famosos Terribles Dos, ¡que la paciencia te acompañe!

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