El gran timo de las infusiones para bebés

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Foto: Pixabay

Así, como lo lees. Aunque a lo largo del post lo voy a argumentar y desarrollar lo suficiente como para suavizar el impacto inicial de este título (o no), la verdad es que no encuentro un sustantivo más adecuado para definirlo. Un timo. Más sangrante aún al ser un producto “para bebés” en el que un altísimo número de padres confiados depositan su fe.

No nombraré marcas porque no se trata de hacer una caza de brujas y porque, aunque yo conozco una y es la que usualmente veo por todas partes, no tengo la menor idea de si es la única que sirve este tipo de infusiones o no. Y ahí no me voy a meter. Mi aplauso al departamento de marketing de cualquier compañía que sea capaz de colocar un producto hecho prácticamente de puro azúcar a padres que buscan el bienestar de sus bebés, ya sea por trastornos de sueño o por molestias estomacales. Olé, señores. Son ustedes muy buenos en su campo. Veamos si yo lo soy en el mío y logro convencer a todos los padres y madres que me lean para que jamás compren sus productos.

¿No sabes de lo que estoy hablando? Te lo explico.

Cuando Bichito tenía diecisiete días desarrolló un cuadro estomacal bastante agudo. La pobre mía lloraba desgarrada y nos costaba la vida consolarla. Superpapi tenía que llevársela de paseo en el fular durante casi una hora hasta que el sueño y el alivio vencían el dolor y la peque lograba dormirse. Pensamos que podrían ser cólicos, cuadraban las fechas de inicio y la franja horaria en la que más se quejaba. Pero también podía ser un cuadro gástrico reactivo a la toma de unos antibióticos que le habíamos tenido que dar unos días antes de que comenzasen los síntomas, con solo diez días de vida. Ante las dudas tanto nuestras como de la pediatra y, viendo que la peque lloraba y lloraba, hicimos lo que hacen todos los padres cuando su bebé sufre: intentar aliviarla como fuera. 

Así que nos esmeramos en preguntar y leer todo tipo de consejos, y probar aquellos que nos parecían fiables. Masajes bocabajo colocada sobre el antebrazo, tenerla todo el tiempo posible porteando, en posición vertical y en contacto con nosotros, homeopatía, toda la teta que hiciese falta… Y, cómo no, la famosa infusión para bebés.

Ya se sabe que los sobrecitos de muestra son un clásico de las canastillas de bebé y la verdad es que acumulamos unas cuantas: la de la matrona, la de la ecografía 4D, la de las clases de preparación al parto, la de la gine del privado… La casa parecía un mercadillo. Por alguna razón no me lancé rápidamente a ellos (quizá por lo que sabía sobre la lactancia exclusiva, es decir, que no debes darle nada más que leche) pero llegó un momento que nos hacían señales luminosas y al final, poco convencidos pero bastante desesperados, preparamos un poco de “infusión instantánea natural”. Bichito la rechazó con disgusto: sólo nos dejó darle una jeringuilla escasa, unos cuatro mililitros.  Mi chica es lista.

Tras unas sesiones de Osteopatía Visceral y un probiótico llamado Reuteri que nos mandó la pediatra, el cuadro agudo agudísimo remitió, pero los dolores tipo cólico duraron con sus más y sus menos hasta casi los cinco meses. También los gases, que nos dieron mucha lata. Durante ese tiempo, continuamos con las sesiones de osteopatía, con el probiótico, con los masajes, el contacto, la teta… Pero no volvimos a darle infusión.

¿Por qué? Porque, más o menos por esas fechas, en mi estudio exhaustivo sobre lactancia y alimentación infantil, cayó en mis manos un texto:

En cuanto a las infusiones instantáneas para bebes que se venden en las farmacias, es un misterio por qué se permite su comercialización. Contienen un 95% de azúcar, en forma de sacarosa o glucosa (dextrosa). Un niño que tomase cada día la cantidad que indica la etiqueta, al cumplir el año habría tomado siete kilos y medio de azúcar, que habrían costado más de 300 euros. (Carlos González)

Me quedé alucinada. ¿95% dice? No puede ser. Eso es una salvajada. Me levanté, abrí la despensa, cogí el sobrecito del que habíamos sacado una cucharada escasa de polvitos instantáneos, lo estiré y busqué la composición. Y, efectivamente. Raro sería que Carlos González diese mal el dato. Ahí estaba.

Dextrosa = Azúcar. Pero dicho bonito, para que nadie se dé cuenta. No vaya a ser que alguien se eche para atrás y nos deje de comprar este producto estrella por el que le calzamos azúcar a precio de oro con la excusa de que es bueno para el bebé. Porque, de toda la vida de Dios, a mí en el supermercado un kilo de azúcar me venía a costar un euro escaso. Y voy generosa. Será que la que trae este producto es el caviar de los azúcares porque un kilo de ésta saldría por bastante más. Unos cuarenta y cinco euros.

¿Cómo se te queda el cuerpo?

Dejando a un lado el “timo económico” (cada cual marca sus precios, al fin y al cabo, y quien quiere los paga y quien no quiere no), lo que me parece grave es el “timo moral”.

Que te vendan un producto con semejante composición diciendo que está elaborado “a partir de ingredientes naturales” me parece una soberana tomadura de pelo. A base de plantas rigurosamente seleccionadas, eso sí. Cómo para no estarlo: cada bote de ciento cincuenta gramos lleva alrededor de diez gramos de las tan cacareadas plantas. Un tallito hermoso, vaya. Lo pueden seleccionar mediante casting, si quieren. No les llevará mucho tiempo.

Por si no es suficiente con eso, otra frase tranquilizadora y, de nuevo, absolutamente engañosa: “no lleva sacarosa ni aromas artificiales”.

Como madre lo lees y ¿qué piensas? Que es natural. Que no lleva azúcar. Que no lleva nada artificial. ¿Verdad?

Que se trata de un preparado a base de hierbas sin nada añadido, lo que vendría a ser una infusión casera de las que tienes en la despensa. Pero con la tranquilidad de que éste es un producto específico para bebés. Será más suave. Tendrá medidas las proporciones para que a tu pequeñín de un mes no le haga mal como podría hacerle, a lo mejor, la manzanilla o la tila que tú tienes para adultos. ¿Verdad?

Mejor comprar una marca fiable, una marca infantil, familiar, conocida. Es cara pero oye, lo que cuenta es que sea efectiva y sea buena para él. Por nuestros hijos, lo que sea. ¿Verdad?

Y es 95% azúcar.

Eso sí. La preparación es instantánea. Y el pelotazo que le mete al páncreas de la pobre criatura también.

Todo eso sin olvidar que los bebés menores de seis meses, directamente, no deberían tomar infusiones. Ni las necesitan ni les conviene, pues el agua (o agua y azúcar, que es todavía peor) que les administramos con la infusión supone sustituir o reducir una toma de leche (alimento) en sus pequeños estómagos, lo que va en detrimento de su nutrición.

Así que, cuando el pediatra te la aconseje (mi consejo: cambia de pediatra), cuando veas anuncios con bebés sonrosados y mamás vertiendo polvitos instantáneos con una mirada amorosa, cuando oigas que la vecina te dice lo bien que va o cuando, si no has caído en la tentación con todo lo anterior, te lleguen a casa doscientas canastillas con un sobrecito de muestra, recuerda de qué están compuestas en realidad. Piensa que, con cada dosis recomendada, le estás dando a tu bebé siete gramos de azúcar pura y dura, al aroma de manzanilla. El equivalente a dos terrones de azúcar y a precio de cartilla de racionamiento.

Coincido, una vez más, con Carlos González, es un misterio que se permita su comercialización. O, más que un misterio, es una vergüenza.

¿Y tú? ¿Qué opinas sobre este tema? ¿Me lo cuentas? 🙂

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6 comments

  1. Mariaisa says:

    Pues yo le he dado a mi pequeña tanto la digestiva para los gases y el cólico, como la laxante porque a veces le cuesta hacer de vientre, y la verdad es que le han ido muy bien. Creo que muchas veces no se tiene en cuenta que el metabolismo de cada bebé es diferente, al igual que en los adultos, y por tanto puede haber casos en los que estás infusiones no van bien y otros, como es el mío, que van muy bien.

    • Carita says:

      Gracias por tu comentario! La cantidad de azúcar que aporta a un bebé (más aún en las etapas en las que se ofrecen este tipo de “infusiones”) es más perjudicial para su metabolismo que el posible beneficio sobre el problema que se busca tratar. Aunque le hayan ido bien y tu pequeña las haya tolerado y le hayan gustado, cada infusión le han supuesto 7 gramos de azúcar, una cantidad elevadísima. El consumo recomendado por todas las organizaciones de salud de referencia en bebés es cero. Yo particularmente te recomiendo que no le des este tipo de infusiones hiperazucaradas. Un saludo!

  2. Leticia says:

    Mi peque tuvo algún que otro día malo por los gases durante los primeros tres meses. La verdad que tuve suerte porque fueron días sueltos y durante un ratito. La pediatra nos recomendó las infusiones y las compre. He de decir que a mi hija de la daba y en escasos minutos dejaba de llorar y la oías expulsar los gases, pero nunca me había imaginado que fuera azúcar pura. La verdad q a la mía si le funcionaba!!

    • Carita says:

      Gracias por compartir tu experiencia 🙂 Nosotros le dimos sólo ese poquito que cuento porque no quería y luego, al descubrir qué llevaban, me alegré mucho. Sufrimos los gases bastante tiempo, la tripilla siempre dio un poco de guerra, pero con los masajitos se los aliviábamos. Un abrazo!

  3. Aventuras de una mami says:

    Gracias a Post como el tuyo, no le dimos ningún sobrecito a P cuando tan mal lo pasamos con los gases. También probamos de todo y conseguimos que algo mejorará, pero los gases ahí estuvieron dando lata hasta los 7 meses.
    Es una barbaridad lo q intentan hacer, nos engañan como quieren!!

    • Carita says:

      La tripilla siempre nos dio guerra a nosotros también. Y sí, es una barbaridad. Yo según descubría cosas me iba escandalizando, enfadando y preocupando a partes iguales. Importante, por eso, intentar ayudar a que la información llegue a todos los padres. Y luego ya que cada cual decida, pero SABIENDO lo que es cada cosa. un abrazo!

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