Cómo afrontar la realidad del postparto

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Fuente: Pixabay

Está claro que nadie escarmienta en cabeza ajena y, hasta que una no vive en sus carnes una situación, no la comprende en toda su magnitud. Pero hay experiencias, etapas, que nos pillan totalmente desprevenidas, aunque llevemos mucho tiempo “preparándonos” para ellas. Para mí, el postparto es el ejemplo por antonomasia del “pero, ¿en qué estaba yo pensando todo este tiempo?

Y es que nos pasamos nueve meses, ahí es nada, muy ocupadas. El triple screening, las ecografías, el momento en que nos confirman el sexo del bebé, la 4D para verle la carita, la ropa premamá, las clases de preparación al parto, el aceite de mosqueta para los masajes perineales, la ropita, elegir el nombre, la cuna, la silla del coche, las cremitas y productos, el miedo al parto, elegir el hospital, anticipar cuándo nacerá, soñar, soñar, soñar…

Tan ocupadas estamos que, muchas veces, nos preparamos tanto para el parto que nos olvidamos de lo que viene DESPUÉS. Sí, claro que tenemos CLARÍSIMO que después del parto viene el bebé. Claro que sabemos que ahí no es donde acaba la cosa sino donde empieza. Pero en esa burbuja mágica del embarazo (que yo creo que nos regala la naturaleza) y flotando en hormonas a tutiplén, realmente no escuchamos los consejos que nos dan las que ya son mamás. Claro que nos parece lógico todo lo que nos cuentan pero supongo que lo que pensé yo lo habrás podido pensar tú también: no será para tanto. No será tan difícil. Compensará totalmente.

Y, sí, compensa totalmente. Hay una magia innegable en pasar HORAS contemplando a tu bebé, sin conseguir comprender cómo es posible que tú hayas creado una cosita tan perfecta, cómo ha salido ese milagro de dentro de tu cuerpo, por más biología que hayas estudiado. Claro que nos envuelve un amor tan poderoso, primario y absoluto que casi marea. Claro que es una etapa muy, muy bella. Claro que te sientes tan feliz que podrías estallar.

Pero también te sientes tan desesperada que podrías estallar. Porque también es una etapa abrumadora, desconcertante y muy dura. Físicamente estamos extenuadas. En muchos casos, además, muy doloridas. Con heridas internas y externas que dejarán su cicatriz a varios niveles. Hormonalmente, vivimos un auténtico cataclismo. Emocionalmente, nos sentimos muchas veces desbordadas. Mentalmente, estamos desorientadas: durante un tiempo no sabemos ni quiénes somos.

No reconocer nuestro cuerpo en el espejo, la incomodidad de los loquios, la falta de sueño, el miedo de no saber cómo cuidar a ese bebé diminuto que está en nuestras manos, que pasen días en los que no logramos ni ducharnos, enlazando teta, pañal, teta, hago pis (con el bebé en brazos, o en la teta, muchas veces), teta, pañal, hago pis, otro pañal… nos puede hacer sentir agobiadas, desesperadas, incapaces. Sobrepasadas.

Por eso, es muy importante que sigamos algunas pautas básicas de auto-cuidado. Porque, si no nos cuidamos, no podemos cuidar. Porque, si no nos cuidamos, no podemos disfrutar.

1. Crea y respeta tu burbuja.

Ese bebé que amas como nunca imaginaste va a crecer muy rápido y nunca volverá a ser un recién nacido. Disfrútalo. Disfruta esa conexión increíble del principio de vuestra relación, atesora cada mirada, cada suspiro, cada gesto, cada instante, no dejes que se te escurran entre los dedos por agobiarte con recados, compromisos y exigencias externas. El mundo puede vivir unas semanas sin ti y, cuando vuelvas, tampoco serás la misma. Tener un hijo supone una auténtica revolución, tanto interior como exterior. Y eso está bien. Date un tiempo para procesarlo.

2. Recupérate.

Duerme todo lo que puedas, reposa (sobre todo si tu parto fue duro y tienes secuelas), ve poco a poco, según te encuentres en cada momento, NO HAY PRISA, no hay que demostrarle a nadie que te has “recuperado” rapidísimo. Ya habrá tiempo de volver a correr y, créeme, correrás mucho en los meses siguientes. Ahora es momento de ahorrar energía para que tu cuerpo pueda reponerse. La naturaleza es sabia: si el cuerpo te pide ir despacio, hazle caso.

3. Delega en tu pareja todo lo que puedas.

Tranquila, aunque lo hagas, apenas te podrás apañar del todo. Aunque lo hagas, las primeras semanas vas a vivir prácticamente pegada al bebé, sobre todo si das el pecho.  Aunque lo hagas, no vas a afectar de ninguna manera al vínculo que tienes con tu bebé, al contrario, fomentarás el vínculo papá-bebé, que también es importantísimo.

Deja que papá cambie pañales, bañe al bebé o se ocupe de otros cuidados diarios. Aprovecha esos ratitos para relajarte, airearte, despejarte o desahogarte, lo que necesites. No tener un minuto para ti durante semanas es realmente estresante: busca ayuda en papá para llevarlo lo mejor posible.

4. Aliméntate (bien).

El puerperio es una etapa que consume muchos recursos. Entre el cansancio, los loquios y la lactancia, más vale que comas en condiciones si no quieres estar más exhausta todavía o acabar con otros problemas, como anemia.

Si no has podido preparar un regimiento de túpers, dale el puesto de Cocinero Jefe a papá o pide que en vez de flores te traigan lentejas. Pero come BIEN. Un yogur, un trozo de queso y un puñado de cacahuetes, de pie en la cocina, no vale.

5. No te encierres en casa.

Necesitas caminar un poco, desde que puedas levantarte de la cama. Necesitas que te dé el aire (y el sol). Y, sobre todo, necesitas salir de esas cuatro paredes en las que la vida parece que queda suspendida día y noche. Aunque estés agotada, agobiada y dolorida, pasa tiempo al aire libre. El bebé lo necesitará también.

6. A la porra las tareas del hogar

Mientras las pelusas no echen a andar, el baño sea área libre de tifus y los platos no desborden el fregadero, no te angusties. Si la casa está manga por hombro, no pasa nada, ya volveréis a tenerlo todo bajo control (un poquito más adelante). Coloca todo en el orden adecuado de importancia: el bebé, tú y tu pareja, y luego el resto, incluyendo las labores domésticas. Y, si te quieren ayudar, ACEPTA.

7. Conecta

Busca tu “tribu”. Si no tienes amigas con hijos o tu familia está lejos, busca apoyo en comunidades de madres: grupos de lactancia, blogs, foros.

No te encapsules, es importante que puedas hablar con otras mamás que estén viviendo (o hayan vivido) lo mismo que tú. Si compartes las sombras de esta etapa con otra madre verás que todas sentimos a ratos que no podemos con ello, que todas necesitamos tiempo para nosotras, que todas nos llegamos a sentir “despersonalizadas” al principio, que todas nos sentimos malas madres en algún momento de desánimo. Es NORMAL. Libérate. Lo estás haciendo muy bien.

8. Sigue tu instinto

No hagas caso a “las instrucciones de la vecina”, no te dejes agobiar por el “amimefuncionismo”. Todo el mundo querrá decirte cómo tienes que hacer las cosas, aunque sea con la mejor de las intenciones. Sigue tu guía interna. Si no quieres visitar en ese momento, si quieres intimidad y tiempo para acoplarte con tu bebé, si sientes que debes hacer algo, o no hacerlo, escúchate a ti. Porque para que tu bebé esté bien, tú debes estarlo también.

Escúchate y haz lo que tú necesites: como madre, como mujer y como persona.

¿Y tú? ¿Cómo viviste el postparto? Cuéntamelo, te espero en comentarios 🙂

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This entry was posted in Crianza.

2 comments

  1. Xania says:

    que bien me habría venido leer este post hace dos años… desde luego se lo compartiré a amigas porque es lo que dices, por mas que te digan en el embarazo ni escuchas… a mi (a parte de la recuperación física que fue malisima) lo que me pilló de sorpresa fué la avalancha emocional y hormonal… y una profunda soledad, porque no tenía tribu (vale si, mi familia, pero hace mucho ya que la mayoría tuvieron niños así que no me sirvió para conectar) y mi tribu whatsappera (un grupo de amigas que conectamos por whatsapp en el embarazo porque todas salíamos de cuentas a la vez) estábamos demasiado ocupadas con los niños como para andar con el móvil así que me sentí muy sola… y las hormonas hicieron que le cogiera una manía tremenda a mi marido al principio, eso fué lo que más me chocó y descolocó porque de pronto estaba completamente reenamoradisima del padre de mi hijo y de pronto quería perderlo de vista cuanto antes… una locura… pero todo pasa y pasó…

    • Carita says:

      Hola Xania! Ay, el descalabro hormonal… Suena a chiste pero es aterrador. La montaña rusa emocional en la que te sume, con sentimientos que nunca pensaste que podrías tener, abruma. Y mucho. Lo de la tribu es fundamental, yo creo que, si no, es fácil “volverse loca” pensando que, efectivamente, lo estás, con todo lo que sientes, piensas y necesitas. Seguro que si te animas a un segundo ya lo llevas muchísimo mejor. Saber lo que nos espera es una gran ayuda para enfrentarlo. Un abrazo!!

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