Apego evitativo: qué es y qué consecuencias tiene

Apego evitativo: qué es y qué consecuencias tiene

Fuente: Pixabay

Hace unas semanas vimos a qué nos referimos cuando hablamos de apego en crianza y por qué es tan importante establecer un apego seguro los primeros años de vida. Por qué la forma en que se siente un bebé o un niño pequeño en determinados aspectos básicos puede afectar a su desarrollo emocional y psicológico y, sobre todo, qué tiene que ver en eso lo que hagamos nosotros. Y ahora, teniendo claro lo ideal… ¿qué pasa si hacemos lo contrario? Hoy hablamos del apego evitativo: qué es, cómo lo generamos y qué consecuencias tiene en el desarrollo interior de nuestros hijos.

¿Cómo establecemos un apego evitativo?

Entendiendo erróneamente las demandas

El otro día hablábamos de lo importante que es comprender una demanda para que nuestra respuesta a esa demanda sea la más adecuada ya que nuestra percepción determina qué respuesta damos y, muy importante también, cómo la damos. ¿Qué pasa, entonces, cuando entendemos las demandas como algo negativo, algo que debemos corregir o ignorar? ¿Qué comunicación establecemos cuando, entendiéndolas de esta manera, las desoímos o, si las atendemos, lo hacemos desde la molestia o el resentimiento?

Hay muchísimas frases de la opinología y el inconsciente colectivo que nos llevan hacia un apego evitativo, al poner a nuestros hijos en “el otro bando” y hacernos ver sus necesidades como caprichos o manipulaciones:

  • “Te tiene tomada la medida”
  • “No lo cojas, que se malacostumbra”
  • “Deja que llore, que ensancha los pulmones”
  • “Los niños son muy listos, saben lo que tienen que hacer para manipularte”
  • “Llora de vicio”
  • “Pide brazos de vicio”
  • “Pide teta de vicio”

¿Te suenan? Esas frases que oímos continuamente ante cada reclamo de nuestros hijos. Reclamos, demandas y necesidades naturales, que forman parte de cada etapa y de su normal desarrollo físico, psicológico y emocional. Pero llevamos tanto tiempo escuchándolas, están tan integradas en el inconsciente colectivo, nos resultan tan familiares… que pueden llevarnos a ignorar o desatender una demanda por verla como algo negativo. 🙁

Desoyendo o atendiendo inadecuadamente las demandas de forma continuada

Cuando NO respondemos afectivamente a las demandas y atendemos principalmente las necesidades físicas desatendiendo a nivel emocional la seguridad o el consuelo generamos un apego evitativo con nuestros hijos.

Sobre todo si lo hacemos también de forma coherente, respondiendo siempre igual a los mismos estímulos. Como en el caso anterior (el apego seguro) pero al contrario.

Consecuencias de un apego evitativo

Al establecer un apego evitativo, nos convertimos en alguien a quien nuestros hijos no pueden acceder, alguien con quien sienten a nivel básico y primario que no pueden contar. Algo que genera a nivel interno:

Una autoestima baja: Cuando establecemos este apego nuestros hijos crecen con un mensaje que impide el desarrollo de una autoestima sólida: “no soy valioso, no soy merecedor de ser atendido, cuidado, respetado”. Justo el mensaje contrario que en el caso del apego seguro.

Falta de confianza: Se integra un mensaje demoledor, “papá y mamá no van a estar ahí” (a nivel interno y afectivo). Una falta de confianza inicial que se hará extensiva, a medida que el niño vaya creciendo, al resto del mundo.

Resignación:  “¿Para qué voy a pedir, para qué voy a contar mis sentimientos si no hay nadie al otro lado?”

Autosuficiencia: “Pues entonces me lo guardo todo dentro y lo resuelvo a mi manera, sin buscar en los demás”. Es fácil que al leer estas palabras nos venga a la mente algún adulto que funcione de esta forma pero en realidad sucede desde las primeras etapas de vida. Un caso muy típico es el de los bebés a los que se les aplica un método Estivill. Cuando usamos este método (que va totalmente contra el apego seguro y del que algún día que me sienta con ánimos hablaré largo y tendido) con un bebé, pueden ocurrir dos cosas: que no se despierte o que siga despertándose pero ya NO llore llamando a nadie porque ha interiorizado que no va a venir nadie. Aunque haya estrés hormonal en su organismo (se han registrado subidas de cortisol significativas en diversos estudios), que es la forma científica de decir que lo está pasando mal, el bebé ya sabe que “está solo” y así se apaña. En silencio, aunque se despierte.

Cierre emocional o incluso desconexión: Sumando todo lo anterior es muy frecuente que el niño, y más adelante el adulto, se cierre emocionalmente, sin atreverse a abrirse a los demás estableciendo vínculos afectivos íntimos y saludables. O incluso desconectándose de sus emociones y viviendo como si no estuvieran ahí.

“Entonces ¿si interpreto mal una demanda de mi hijo puedo establecer sin darme cuenta un apego evitativo?” es la pregunta que surge en nuestra cabeza, cuando leemos todo esto, con algo cercano al pavor. Amamos a nuestros hijos. ¡A ver si ahora la cagamos sin saberlo! Bueno, para que no cunda el pánico os digo lo mismo que en el apego seguro: para esas consecuencias “de libro” debemos hacer las cosas también “de libro”.

No estamos hablando de cosas puntuales, sino de patrones. Tampoco somos perfectos, ni se pretende que lo seamos. Nos podemos equivocar (y lo vamos a hacer, es natural y humano). Habrá días que estemos cansados, estresados, con menos paciencia, con algún problema que estemos teniendo… nuestra respuesta no puede ser perfecta al 100% de forma absoluta.

No se trata de eso sino de un vector de dirección. De saber hacia dónde nos orientamos y caminar en esa dirección, aunque haya pequeños desvíos o traspiés. De observar a nuestros hijos, comprender sus demandas y tratar de establecer un apego seguro. Y de, si nos damos cuenta de que estamos yendo hacia donde no queremos, empezar a dar pasos en una nueva dirección y cambiar el rumbo.

¿Sabías algo del apego evitativo? ¿Has pensado alguna vez en ello?

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This entry was posted in Crianza.

8 comments

  1. Gema says:

    Explicación clara, concisa y muy bien estructurada. Siempre es muy enriquecedor leerte porque haces que todas las ideas, que a veces tenemos enmarañadas en nuestra cabeza, se ordenen, y de repente es como si todas las piezas del puzzle encajaran.

  2. Marta says:

    Me encanta leerte Marta. Tan reales tus palabras. Por circunstancias de la vida nuestro bebe ha nacido en USA, aquí están obsesionado con que los bebés duerman solos y toda la noche del tirón. Desde que era un bebe recién nacido nuestra pediatra nos daban por escrito las recomendaciones del mes y en todos y cada uno de los meses pone que acostemos al niño en su cuna despierto para que se duerma solo y si llora que lo dejemos llorar por 10minutos. Por supuesto que nosotros colechando y nI caso pero me parece muy triste que muchos padres y madres lo hagan pensando que es lo correcto. Después cuando digo que yo no le dejo llorar y que me parece normal que se siga despertando por las noches a tetar me miran raro.

    • Carita says:

      Hola Marta! Muchas gracias por lo que me dices, de corazón. Madre mía, no sabía yo que en USA tienen esta visión… de allí salió el método Ferber (que luego copió el famoso Estivill aquí) pero también el desarrollo de la teoría del apego con el doctor Sears (sobre la base de Bolwby) así que pensé que estaban más en el centro entre uno y otro. Pues mira, tú sigue lo que sientas, estés en el país que estés, así te lo digo. Por dentro las madres sentimos si estamos haciendo lo que nos dicta el instinto… si simplemente nos escuchamos y no escuchamos lo externo. Un abrazo grande

  3. Diana says:

    Si, como intento crear un apego seguro con mi hijo había leído mucho al respeto de los otros tipos que hay, también reconozco bastante algunos puntos en como me criaron a mi. No culpabilizo a mi madre porque creo que pensaba que era lo mejor, pero me da mucha pena ver como tanta gente sigue normalizando esos comportamientos.

    ¡Un besote!

    • Carita says:

      Hola Diana! En nuestra generación hemos crecido con una visión bastante adultocentrista, y todos estos consejos externos influyen. Yo creo que no hay “culpas” pero cuando más comprendemos, mejor atendemos a nuestros hijos. Un beso grande!

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