6 problemas de lactancia que SÍ tienen solución (Parte I)

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Fuente: Pixabay

La lactancia es un proceso físico que involucra dos personas: mamá y bebé. Y tanto por parte de una como de la otra pueden surgir pequeños problemas que pueden comprometer esa lactancia si no sabemos cómo resolverlos. Está claro que hay algunas situaciones, sumamente infrecuentes, en las que un problema físico impide o termina la lactancia. Sin embargo, los más comunes y frecuentes SÍ tienen solución. Son los que te traigo entre esta semana y la siguiente, en este post dividido en dos partes para que podamos tratar con calma cada supuesto sin que la cosa se convierta en el libro gordo de Petete. Veamos los tres primeros. Seguro que te suenan pero ¿sabías que pueden resolverse con facilidad?

Ingurgitación: la subida de la leche.

La subida de la leche no es un problema como tal que pueda cargarse una lactancia pero sí algo bastante doloroso que puede desembocar en un problema mayor, como una mastitis, si no se toman las medidas necesarias. También es una situación que, si no se sabe resolver, puede impedir que el bebé se enganche en las tomas y se alimente debidamente, lo que nos puede llevar a comprometer la lactancia en un período muy temprano en el que todavía no está instaurada.

La ingurgitación no es más que una retención de líquidos, un edema por la subida de la leche. El pecho, que aún no controla la ley de la oferta y la demanda ante ese pequeñín recién nacido, produce en exceso y se pone duro como una piedra. Podemos sentir el pecho deformado por completo (a mí el izquierdo se me llegó a poner cuadrado 😣) y el pezón como si fuera de goma, de lo tirante que está, de forma que nos cueste pellizcarlo y, al bebé, hacer el enganche.

Para mejorar la ingurgitación lo que debemos hacer es lograr vaciar un poco el pecho para conseguir que el bebé pueda engancharse a él e ir dándole nuevas instrucciones al cuerpo para ajustar la producción de leche a su demanda real.

Para conseguir esto podemos realizar un masaje de presión inversa sobre el pezón y la areola hasta que el pezón quede más flojo y el bebé se pueda agarrar. Prueba a meterte en la ducha con agua templada al masajearte, te aliviará y tanto la presión del agua como la temperatura ayudarán al proceso. Si aun así le resulta imposible engancharse podemos vaciar un poco el pecho con un sacaleches o de forma manual y volver a probar hasta que lo logre y haga una toma con normalidad.

Si haces esto, vacía sólo lo necesario para que el bebé pueda coger el pecho. De lo contrario, estimularás cada vez más la producción de leche y la ingurgitación empeorará. Deja que sea la demanda del bebé la que marque qué cantidad de leche debe producir tu cuerpo. Si notas que la ingurgitación va bajando poco a poco vas por buen camino. No te preocupes, es molesto pero el cuerpo necesita un poco de tiempo, en unas cuantas tomas se ajustará la producción adecuada y tus pechos volverán a su estado normal.

Para la inflamación y el dolor difuso que produce tener los pechos tan cargados puedes tomar antiinflamatorios o aplicar un remedio casero infalible: hojas de col. Pon algunas en la nevera, aplástalas para romper los nervios de la hoja y colócalas entre el pecho y el sujetador. Aliviarán la ingurgitación y la inflamación de forma natural.

Si no hemos podido frenarla a tiempo y además de ingurgitación llega a producirse una mastitis, seguramente el médico te recete un antibiótico si la zona está enrojecida y caliente y tienes fiebre. Recuerda, en este caso, tomar probióticos mientras dure el tratamiento o cuando lo termines para restablecer la flora bacteriana.

En muchas ocasiones a las madres se les dice que no deben dar el pecho porque la leche que hay dentro del pecho está mala o infectada y es dañina para el bebé. Sin embargo, eso no es cierto. La solución es todo lo contrario, dar el pecho con mucha frecuencia al bebé e incluso utilizar el sacaleches para drenar ya que si se sigue dejando la leche retenida dentro del pecho lo único que va a hacer es empeorar la situación. Además del antibiótico que puedas estar tomando para la infección, el tratamiento para la inflamación de la mastitis es principalmente ofrecer mucho el pecho al bebé y vaciarlo. El no vaciar el pecho o no ofrecérselo al bebé podría dar lugar a un problema mayor cómo podría ser un absceso.

Mastitis subclínica: cuando duele pero no hay nada aparente.

La mastitis subclínica no da señales evidentes de mastitis como la conocemos (rojez, inflamación, dolor en el pecho o incluso fiebre). Se trata, sencillamente, de un escozor y pinchazo de origen desconocido para la madre y que resulta muy molesto.

Estas molestias se producen por un desequilibrio en la flora bacteriana del pecho y suelen tener fácil remedio tomando probióticos específicos para la flora de la zona que son, por cierto, muy efectivos y recomendables como prevención de mastitis, tomados de forma regular durante el período de lactancia.

Si no remite se debe pedir un cultivo de la leche para identificar la bacteria que lo está causando y así poder poner un antibiótico específico para dicha bacteria y no intentar matar moscas a cañonazos con amoxicilina o cualquier otro antibiótico genérico.

En cualquier caso, siempre que exista un dolor indeterminado en el pecho es conveniente acudir a revisión ginecológica para descartar otros problemas ocultos. No por estar en período de lactancia todos los dolores son necesariamente provocados por ella. Cuidadín, que no sería la primera vez que pensando en la lactancia por defecto se pasa por alto alguna otra patología mamaria.

Anquiloglosia: enganche doloroso por causas físicas

La anquiloglosia, o frenillo sublingual corto, suele ser una causa muy frecuente de abandono de la lactancia ya que en muchas ocasiones no se identifica fácilmente por cualquier profesional y, por lo tanto, donde parecía que no hay un frenillo resulta que sí lo hay.

El frenillo corto impide que la lengua se mueva libremente en la forma en la que es necesario que lo haga para la lactancia. Suele haber chasquidos mientras el bebé mama porque se le escapa el pezón cada poco y un enganche doloroso que no se puede evitar con cambios de posición al mamar por lo que, cuando hay frenillo, la lactancia suele ser problemática.

El mal enganche puede hacer heridas en el pezón (las famosas grietas, de las que hablaremos en la segunda parte de este post, la semana que viene) o provocar que no haya una transferencia de leche suficiente al recién nacido (con la consiguiente pérdida o no ganancia de peso). Es muy importante corregirlo para que la lactancia no fracase.

La solución, cuando el frenillo es muy evidente e identificable, en forma de telita, es cortarlo. Cuando no es tan evidente la solución es la misma pero de manera quirúrgica. Es una intervención muy rápida y sencilla y una vez corregido el bebé consigue realizar el enganche con normalidad.

El jueves que viene seguimos con otros tres problemas con solución en la lactancia. ¡Feliz semana!

¿Y tú? ¿Has sufrido alguno de estos problemas en tu lactancia? Este espacio se nutre de tus comentarios, déjame uno y cuéntamelo 🙂

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