8 superpoderes de la maternidad

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Foto: Pixabay

Gestar una vida y traerla al mundo no es, precisamente, algo baladí. Todas las mujeres que hemos participado de ese milagro sabemos valorarlo. Pero es que, además, la maternidad nos trae a todas un saco de superpoderes universales desde el momento en que pasamos «al otro lado». Y, todo sea dicho… ¡menos mal! Porque si no, no sé cómo nos las arreglaríamos.

¿No sabes de qué superpoderes hablo? A ver si te suenan…

1. Invisibilidad

Levantarse de una cama en la que duerme un bebé que te quiere cerca es algo así como Mission: Impossible. No sabría decirte la de veces que me he ido escurriendo lentamente, muy, muy lentamente, milímetro a milímetro, paralizándome tras cada mínimo movimiento como si jugase al escondite inglés, caminando de puntillas a lo Ace Ventura y fundiéndome con las oscuridades de la habitación ante el menor movimiento en la Zona Cero. Sintiendo que me convierto en una pegatina sobre el pladur, mimetizada cual camaleón en situación de peligro. Ni respirar, que eso hace ruido y nos detectan. ¿A que te resulta familiar?

La invisibilidad no sirve para enterarse de los secretos ajenos sin que te vean (que es para lo que casi todos se la piden en el juego de los tres deseos). No, señor. Sirve para que una madre pueda salir de una habitación sin ser vista. Y necesitaría horas para explicar adecuadamente lo importante, importante, importantísimo que es eso.

2. Fuerza sobrehumana

No importa. De verdad que no. Da igual que no estés en forma, que no seas fuerte, que no hayas pisado un gimnasio más que para ir al Spa (sabes que para eso no cuenta, ¿verdad?) o que no seas capaz de abrir el tarro del tomate frito sin pedir ayuda. La fuerza sobrehumana viene en el pack, con el bebé, la canastilla y las hemorroides.

Una vez aguantes las contracciones durante diecisiete horas y empujes como si no hubiera un mañana durante otra más ya te irás dando cuenta. Pero cuando no tendrás ninguna duda de que te has convertido en la prima bajita y filimiqui de Hulk será cuando te veas con tu bolso-ladrillo, el bolso de maternidad y un bebé de diez kilos en una mano mientras, con la otra, abres en el aire el carrito de paseo. ¡Ostras! ¿De dónde salió esta potencia de levantador de pesas búlgaro?

Que no te vea el padre de la criatura, no sea que te deje de abrir los botes de tomate: la fuerza extra solo sale cuando está por medio el peque. Cachis.

3. Hipervelocidad

Flash es un aficionado al lado de una madre. Pf. Lo que yo te diga. Cuando le vea ducharse en cuarenta y cinco segundos o arreglarse para salir, incluyendo peque, en siete minutos (mis mejores marcas, eso sí, no me preguntes como quedé) hablamos. Mientras tanto ya puede correr haciendo zuuuuuum por donde le plazca, que la hipervelocidad la seguimos reivindicando las madres.

Ya sea porque notes que se medio despierta y hay opción de mantenerlo dormido si llegas muy, muy rápido, porque oigas un grito y vueles para ver qué ha pasado o porque te hagas diecisiete viajes por la casa cogiendo, soltando y colocando cosas en lo que el peque consigue ponerse el abrigo del derecho, nunca, óyeme bien, nunca correrás tanto como cuando eres madre.

4. Omnipresencia

Otro superpoder materno en el que ayuda bastante el anterior. Y es que, cuando tienes un hijo, pronto descubres que no basta con que estés en un sitio. Tienes que estar en todos a la vez.

A veces me llama alguien y me pregunta «¿dónde estás?» y no sé bien qué responderle: si en la cocina poniendo el lavaplatos, en el salón pintando pulpos y hello kittys, en el baño lavándome los dientes o en el ordenador revisando las RRSS del blog. ¿Se puede decir todo a la vez? Sería, desde luego, lo más veraz. He llegado a evitar que la niña se abra la crisma con la mesita de centro en lo que le doy vuelta y vuelta a un filete. Hmmm… ¿Quién necesita clones?

5. Visión Rayos X

Robocop escaneaba con la mirada, cierto. Y Superman, creo que era, te podía hacer una radiografía cervical con solo pestañear. Mola. Pero no creas que ninguno de estos tiarrones le lleva mucha ventaja a cualquier madre.

Y si no, dime tú si no eres capaz de echarle un ojo a tu peque a diez metros de distancia, de noche y con obstáculos entre ambos y saber qué tiene en la mano, dónde mira y qué está haciendo. Con algunos estudios sobre el tema quizá se descubra que se trata de visión infrarroja pero mientras tanto nos basta con saber que en un segundo le haces la ficha. Siempre que se trate de tu hijo, eso sí. Nadie reconoce a un niño mejor que una madre. Ni la banderita del Google Maps te lo geolocaliza mejor.

6. Telepatía

Como complemento de la anterior o, cuando no tienes opción de usarla, por ejemplo, porque estás en otra habitación, las madres tenemos otro superpoder: leemos el pensamiento.

Un ruidito o incluso un silencio bastan para ver claramente en tu cabeza lo que está pasando. Pero vamos, como si te lo pasan con el Cinexin. Un cruce de miradas y leemos, con la misma facilidad que si nos lo sacan por la impresora, lo que se le está ocurriendo al peque. Un superpoder muy útil para anticipar y prevenir catástrofes varias. Imprescindible para la tranquilidad de espíritu.

7. Omnipotencia

Nadie lo puede todo, salvo una madre que necesite consolar a un hijo. Todopoderosa. Mágica. Invencible. Así te sientes cuando tu peque se queja en sueños y se aquieta con sólo tumbarte a su lado, cuando berrea y tu mero contacto calma el llanto, cuando está malito y tus besos curan. Cuando dos manitas se aferran a ti como si fueras el talismán que aleja y combate todos los males.

Cuando ves en esos ojos enormes e inocentes, que es exactamente así como te siente tu peque. Porque mamá todo lo puede. No te pones las bragas por encima de la ropa porque no es plan (bastante mal se ve una desde el parto sin emular superhéroes), pero apetece.

8. Modo Zombie

Me río yo de aquellas veces que, en mi otra vida, me quejaba de cansancio. «Ay, anoche salí y es que no puedo con mi alma». «Tengo un trancazo que me tiene baldada». «Llevo una temporadita que ando agotada». Ja, ja y ja. No sabe una lo que es el agotamiento de verdad, del bueno, hasta que no tiene un hijo. Pero no pasa nada, porque en el parto se activa un superpoder la mar de práctico: la capacidad de vivir en modo zombie.

Si no duermes durante meses, si tu peque engancha gastroenteritis/bronquiolitis/otitis, si tienes varios y cuando uno cae el otro revive y pide caña, no te preocupes, que este superpoder te mantiene virtualmente operativa. En modo muerta matá pero funcionando. Impagable.

Así que ya lo ves… Altas y bajas, gordas y flacas, feas y guapas. Todas tenemos superpoderes. Todas somos, por merecimiento propio, Supermadres. Tranquila, sobreviviremos… aunque sea en modo zombie 😉

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